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Defendiendo los Fondos Pell

La Educación Superior es Clave para la Competividad de Nuestro País

SOURCE: iStockphoto

La reserva estadounidense de capital humano y su capacidad de mantenerse económicamente competitivo con el resto del mundo se basa en su capacidad de desarrollar una fuerza laboral altamente educada. El reducir la oferta de las becas Pell tendría un efecto negativo en este desafío.

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Uno de los logros menos divulgados del Congreso no. 111 es la Ley de Responsabilidad Fiscal y Ayuda Estudiantil (conocida como SAFRA en ingles) , la cual fue aprobada como parte del paquete de reforma al cuidado de la salud que fue puesta en marcha como ley por el Presidente Barack Obama. SAFRA recortó miles de millones de dólares en subsidios imprudentes que las compañías privadas recibían por originar préstamos federales estudiantiles en favor de originar todos los préstamos directamente a través del Departamento de Educación. El dinero ahorrado se está usando para expandir el programa de becas Pell, que provee a los estudiantes de bajos ingresos con becas para financiar su educación superior.

SAFRA es una pieza elemental en la legislación que suministrará $100 mil millones a la economía mediante las ganancias acrecentadas de los estudiantes que tendrán nuevo acceso a las becas Pell, de acuerdo a un análisis del Center for American Progress Action Fund. Pero el programa de Pell ya enfrenta un nuevo desafío—un déficit en la financiación a causa de la combinación del paquete de estímulo económico que está por terminar y un aumento en demanda. Y con una clase entrante de legisladores conservadores que busca recortar el presupuesto federal, el acceso a la educación superior para millones de estudiantes estadounidenses está en juego.

Para el año fiscal 2011, el programa de becas Pell encara un déficit aproximado de $5,7 mil millones a la vez que la demanda de estas becas aumenta debido a los lánguidos efectos de la Gran Recesión. Si el déficit no se cierra, la beca máxima bajo el programa se recortará cerca de $845 para el año académico 2011. En total, cerca de 9 millones de estudiantes verán sus becas reducidas si no se aprueba una financiación adicional.

El problema es que los conservadores en Capitol Hill se escudan en una supuesta responsabilidad fiscal y podrían rechazar la cobertura de dicho déficit. En su tan mencionado “Promesa a Estados Unidos”, por ejemplo, los republicanos de la Cámara prometieron reducir el gasto discrecional que no perteneciera a la defensa a los niveles del 2008, lo cual recortaría cerca de $9 mil millones del programa de becas Pell. Los líderes entrantes de los comités de la Cámara sobre Educación y Presupuesto, los Reps. Paul Ryan (R-WI) y John Klinke (R-MN), respectivamente, han expresado tener en la mira las reducciones del Pell . “Si John Kline no lanza el primer golpe , Paul Ryan en el comité de presupuesto lo va a hacer”, un empleado Republicano le dijo a Inside Higher Ed.

Recortar las becas Pell, particularmente en medio de una delicada recuperación económica, sería extremadamente arriesgado. Por un lado, de acuerdo a la National Center for Education Statistics, los recipientes del Pell vienen en su gran mayoría de comunidades subservidas. Los más afectados “podrían ser en su mayoría mujeres o estudiantes universitarios de primera generación y en su minoría serían blancos , que aquellos que prescinden de las becas”.

Pero mantener el programa de becas Pell haría más que afianzar un acceso a la educación superior para estos estudiantes en desventaja (aunque eso, en sí, es una meta que vale la pena). También se trata de la competencia económica del país, la cual depende de adquirir una fuerza laboral educada en pleno siglo XXI. Y en este momento, Estados Unidos ha caído en su nivel de consecución educacional luego de haber liderado el mundo durante gran parte del periodo post-guerra.

De acuerdo al College Board, Estados Unidos se ubica en el 12do lugar en cuanto al porcentaje de personas de entre 25 a 34 años de edad con un título universitario, detrás de países como Rusia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Irlanda e Israel. Solo 35 por ciento de los estudiantes de entre 18 y 24 años de edad se inscribieron en algún tipo de educación superior en el 2008, de acuerdo al National Center on Public Policy and Education, a comparación de más del 50 por ciento de los surcoreanos .

Canadá se posiciona actualmente en el primer lugar en cuanto a la consecución educacional. Para volver a retomar el primer escaño, Estados Unidos debe agregar 1 millón de títulos universitarios hasta el 2025, en adición a los 2 millones de títulos anuales que se encuentran en espera actualmente. Para el 2025, de acuerdo a estimaciones del Lumina Foundation, nuestro país tendrá una escasez de16 millones de empleados instruidos en las universidades . Esto tendrá graves consecuencias tanto para la economía en total como para cada empleado.

“Desde 1975, el promedio de ganancias de los desertores y egresados de la escuela secundaria cayeron en cifras reales (del 15 por ciento y 1 por ciento, respectivamente) mientras que aquellos con títulos universitarios aumentó en un 19 por ciento ”, reportó Lumina Foundation. “En otras palabras, los beneficios económicos de la educación superior—tanto para los individuos como para la sociedad—está creciendo”. Hoy en día, el ingreso anual en promedio de una persona con un título universitario es de $43,000, mientras una persona con un diploma de secundaria tiene un promedio de $27,000 .

La reserva estadounidense de capital humano y su capacidad de mantenerse económicamente competitivo con el resto del mundo se basa en su capacidad de desarrollar una fuerza laboral altamente educada. La Ley de Responsabilidad Fiscal y Ayuda Estudiantil fue un importante paso hacia la dirección indicada. El reducir la oferta de las becas Pell tendría un efecto contradictorio y sacrificaría la fuerza económica del país a largo plazo en la cúspide de una reducción del déficit a corto plazo. Esto no es un oficio que un legislador debiera ejercer.

Pat Garofalo es un investigador sénior de economía para el Center for American Progress y un bloguero para el Center for American Progress Action Fund.

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