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Una Nueva Era Multilateral Que Requiere Acción

SOURCE: AP/Evan Vucci

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, comparte asiento con el Presidente Barack Obama, quien hace una declaración durante la Cumbre de las Américas el pasado 19 de abril del presente año.

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La Cumbre de las Américas cerró el domingo pasado con un sorprendente compromiso mutuo entre los 34 jefes de estado luego de los debates sobre diferentes temas, incluida la crisis económica mundial, la promoción de la seguridad y la prosperidad y la fomentación del desarrollo de energía alternativa en las Américas. Sin embargo, esta unanimidad tuvo más que ver con la receptividad por parte del hemisferio de la clara misión que el Presidente Barack Obama tuvo en la cumbre—escuchar a los líderes de la región, aprender de ellos y explicar la visión de su administración para que avance la política de EE. UU. con Latinoamérica y el Caribe—que con los acuerdos concretos entre los participantes para combatir el cambio climático y promover el desarrollo económico y la prosperidad.

De ahora en adelante, todos los participantes tendrán decisiones difíciles que tomar si las declaraciones del Presidente Obama sobre tratar a Latinoamérica y el Caribe como “aliados en igualdad de condiciones” se convierten en más que una retórica de la cumbre. El presidente tuvo éxito al cumplir con las expectativas de que los Estados Unidos propondrían una nueva dirección para las relaciones bilaterales, pero las naciones del hemisferio ahora deben aportar la sustancia retórica actuando sobre los puntos de la agenda de la cumbre en sí.

El Presidente Obama afrontó varias oportunidades y desafíos de cara a la cumbre. La cumbre fue la primera vez en la que Obama se reunió con la mayoría de los líderes de la región, lo que implicó toda clase de especulación sobre cómo fomentaría un diálogo significativo y cooperativo, toda vez que evitaría cualquier conflicto externo posible con los países que han tomado una postura de confrontación cada vez mayor hacia los Estados Unidos, tales como Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Los recuerdos de la Cumbre de las Américas 2005 que se realizó en Argentina, cuando las protestas públicas contra el ex- Presidente George W. Bush dominaban los titulares, hicieron que el éxito de esta cumbre fuera aún mayor.

En esta oportunidad, los debates de la cumbre versaron sobre temas importantes de seguridad energética, sostenibilidad ambiental y prosperidad humana. Desafortunadamente, no se dedicó mucho tiempo ni esfuerzo a estos problemas clave. La declaración final menciona de qué manera el hemisferio procurará fortalecer su compromiso respecto de dichos temas, pero el Presidente Obama y su equipo político de Latinoamérica realizó sólo un debate preliminar sobre su idea de crear una Alianza de Energía y Clima para las Américas.

Pero más allá de invitar al hemisferio a participar voluntariamente en el intercambio de tecnología y mejores prácticas para el desarrollo de energía alternativa, la administración de Obama no definió la estructura de la arquitectura, el alcance y la ambición de la alianza—a pesar de que la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental supuestamente era el lema clave de la cumbre. Como resultado, la administración de Obama aún debe aprovechar el lema de la cumbre, aunque es alentador saber que el Secretario de Energía de EE. UU., Steven Chu, procurará promover la alianza en junio en el próximo Simposio de Energía de las Américas que se realizará en Perú.

Lo que es aún más alentador es el anuncio que realizó la administración de Obama sobre un Fondo para el Crecimiento de las Microfinanzas para el hemisferio occidental, especialmente en un momento en que la crisis económica mundial comienza a afectar a los países de Latinoamérica y el Caribe. La administración de Obama estableció $100 millones en capital inicial y un objetivo final de $250 millones para el fondo. Y también reconoció la necesidad de recapitalizar el Banco de Desarrollo Interamericano, o BID, para garantizar que los fondos regulares de capital lleguen a los empresarios de la región, lo que es esencial para lograr una recuperación económica en el hemisferio.

Sin embargo, se puede hacer más y $100 millones no es suficiente para un hemisferio de más de 800 millones de personas en el que muchos de sus segmentos continúan viviendo en extrema pobreza. Afortunadamente, Latinoamérica y el Caribe se encuentran mejor posicionados que en otras crisis anteriores de las últimas décadas para enfrentar esta crisis económica. Ello queda evidenciado por el hecho de que las economías más grandes de la región pueden realizar ajustes a las políticas fiscales y monetarias en respuesta a la rápida deceleración económica. Los Estados Unidos deben trabajar con estos países (como también con los aliados de la Unión Europea y Asia) para garantizar que el BID y otros bancos regionales de desarrollo y programas de asistencia puedan apuntar a esos países y a los segmentos de la sociedad más vulnerables a los efectos del declive económico.

El Presidente Obama y su equipo político de Latinoamérica también comenzaron un debate necesario sobre las políticas con respecto a Cuba. Mediante el anuncio de cambios en la política que EE. UU. tiene con Cuba (levantamiento de las restricciones de viajes y remesas entre Cuba y Estados Unidos) varios días antes de la cumbre, la administración de Obama pudo aliviar la presión proveniente de una gran cantidad de líderes de la región, tanto amistosos como poco amistosos. Sin embargo, aún quedan pendientes otros cambios por parte del gobierno cubano para demostrar una verdadera intención de comenzar a tratar las inquietudes estadounidenses y sobre derechos humanos en la isla.

A pesar del gran logro del saludo y apretón de manos entre el Presidente Obama y el presidente venezolano Hugo Chávez, aún existen diferencias reales entre los dos países—y un apretón de manos no cambia ni disminuye dichas diferencias. El Presidente Obama inició un diálogo para comenzar a tratar dichas diferencias, pero la predisposición del presidente para acercarse a Venezuela debe ser correspondida por una verdadera intención de cambio y una reforma de la regla cada vez más autocrática y anti-estadounidense de Chávez.

Es alentadora la contundente receptividad que demostraron los líderes del hemisferio respecto de la intención de cambio por parte del Presidente Obama de la política entre EE. UU. y Latinoamérica y el Caribe por una política de “aliados en igualdad de condiciones”. El Presidente Obama dejó en claro que su misión en la cumbre era escuchar a los líderes de la región y comunicar una nueva visión para las relaciones entre EE. UU. y Latinoamérica. Mediante dicha medida, el viaje del presidente a Trinidad y Tobago fue próspero en cuanto a la presentación del Presidente Obama ante las Américas. Si de hecho han cambiado las relaciones entre EE. UU. y Latinoamérica, se tornará más evidente en los meses y años venideros.

Stephanie Miller actualmente es consultora en las relaciones entre EE. UU. y Latinoamérica y anteriormente fue Investigadora Asociada en el Proyecto de las Américas sobre el Equipo de Seguridad Nacional.

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