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Obama Se Reúne con Las Américas

SOURCE: AP/Pablo Martinez Monsivais

El Presidente Barack Obama camina en frente de la Casa Blanca junto con el Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva (derecha) durante su reunión en Washington el pasado 14 de marzo del año en curso. Obama se dirige a Trinidad y Tobago esta semana para la Cumbre de las Américas.

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La llegada del Presidente Barack Obama a la Cumbre de las Américas, que se realizará en Trinidad y Tobago a fines de esta semana, será su primera oportunidad de reunirse con los otros 33 jefes de estado de las Américas y de dirigirse a ellos. Es un momento importante para que el presidente fije la postura política de su administración respecto a la región, como también para reconectarse con una región que en gran parte estuvo ausente del radar político de la política exterior de la administración de Bush.

Sin embargo, no queda totalmente claro de qué manera se debe reconectar. Latinoamérica es un diferente lugar del que la administración Bush esperaba tratar en 2000. Luego de varias medidas desacertadas y de la falta de atención relativa por parte de la administración de Bush durante los ocho años de su mandato, Latinoamérica ha salido fortalecida y se ha tornado más independiente. Hoy en día, países tales como Brasil están resurgiendo con mayor prominencia e influencia internacional y ya no recurren a los Estados Unidos para que dicten términos de cooperación y compromiso. Al mismo tiempo, los líderes de otros países (en forma más destacada los presidentes de Venezuela, Ecuador y Bolivia) a veces recurren a desafiar directamente a Estados Unidos.

Como resultado, el Presidente Obama va a la cumbre con varios desafíos políticos así como oportunidades en el horizonte. Aprovechar las oportunidades y a la vez esquivar los potenciales obstáculos será su tarea principal para él y para su equipo político de Latinoamérica. La búsqueda de dicho equilibrio requerirá que él y su equipo mantengan el enfoque en el objetivo propuesto para este año (seguridad energética y sostenibilidad ambiental), pero también deberán estar abiertos a debates políticos sustantivos sobre otros temas siempre que esos otros temas no sean utilizados por los críticos instintivos de los Estados Unidos para marcar puntos políticos a costa del verdadero progreso.

Esto no será fácil de lograr. Latinoamérica y el Caribe han gozado de más de una década de procesos democráticos profundos, un crecimiento económico que ha logrado sacar a millones de personas de la pobreza y han creado varias iniciativas regionales que demuestran su predisposición y voluntad para tratar temas críticos sin la ayuda de Estados Unidos. Pero tal como el Presidente Obama dijo en un discurso de campaña en Miami en mayo de 2008, "lo que es bueno para la gente de las Américas [también] es bueno para Estados Unidos.” Por ende, su misión principal al arribar a la cumbre consiste en escuchar lo que el hemisferio considera bueno para su gente y comunicar de qué manera Estados Unidos será un socio comprometido y útil para el resto de las Américas.

Asimismo, en la cumbre se prestará mucha atención al actual declive económico mundial. Durante el viaje que realizó a Washington el Presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva en marzo, Obama y Lula dejaron en claro que el hemisferio debe evitar el proteccionismo. Los obstáculos para la administración de Obama es la incompleta ratificación de dos acuerdos bilaterales de libre comercio firmado por Estados Unidos y Panamá y Colombia. Y también figura la mayor queja de Brasil contra Estados Unidos (la tarifa que se aplicó sobre el etanol de azúcar brasilero que se importa en Estados Unidos) que aún sigue sin resolverse luego del primer encuentro de los dos jefes de estado. El presidente Obama deberá garantizar que la cumbre no se vea absorbida por estos problemas si se pretende alcanzar un consenso sobre cómo afrontar los problemas claves propuestos para el debate (seguridad energética y sostenibilidad ambiental).

Otro desafío que aqueja a la administración al acercarse la cumbre son las relaciones de EE. UU. con varios países que han adoptado una actitud de confrontación hacia los Estados Unidos. El año pasado, tres de estos países expulsaron a importantes diplomáticos estadounidenses. El presidente boliviano Evo Morales y el presidente venezolano Hugo Chávez expulsaron a los embajadores estadounidenses asignados a ambos países y el presidente ecuatoriano Rafael Correa echó de Quito a dos importantes funcionarios de la embajada de EE. UU. Morales también ha impedido que varios funcionarios de la Agencia Antinarcóticos de EE. UU. y de la Agencia de EE. UU. para el Desarrollo Internacional operen en el territorio de Bolivia alegando que Estados Unidos estaba usando a estas agencias para conspirar con la oposición política de Morales.

Como la cumbre será la primera vez en que el Presidente Obama se reúne con estos líderes, muchos estarán observando para ver si se puede dar algo a entender mediante gestos, conversaciones o declaraciones de ambos lados para sugerir una mayor tensión. Pero independientemente de las diferencias políticas o ideológicas que pueda tener el gobierno de EE. UU. con los Presidentes Chávez, Morales, Correa y el Presidente izquierdista de Nicaragua Daniel Ortega, es importante que la administración de Obama no permita que la cumbre se centre en dichas diferencias. En vez de ello, el Presidente Obama debe enfocar el foro hacia las formas en que los países de las Américas pueden lograr mejores relaciones y una mayor cooperación en los temas de interés mutuo.

El hecho de que el escenario de la cumbre se vea dominado por un elemento discordante de las relaciones de EE. UU. con el hemisferio le restaría importancia al mensaje de cooperación interamericana que es central en el proceso de la cumbre. En vez de ello, el reciente cumplimiento de una promesa de campaña que realizó la administración de Obama para eliminar todas las restricciones de viajes y remesas entre Cuba y Estados Unidos lo está logrando. El anuncio del cambio de política justo antes de la cumbre puede ser visto como una forma de evitar que las fuertes expresiones de desacuerdo con la política que Estados Unidos tiene con Cuba desvíen la atención de la cumbre hacia la cooperación hemisférica.

Sin embargo, entre estos desafíos yace la oportunidad para que la administración de Obama marque un cambio en las relaciones de EE. UU. con el hemisferio. El Presidente Obama desea promover una “alianza energética para las Américas”. En la cumbre, el Presidente deberá decir exactamente lo que ello significa y de qué manera la administración de Obama pretende lograr dicha asociación.

La cooperación de Brasil en esta alianza energética es de vital importancia. Brasil ha expresado cierto escepticismo al principio, por ello es que el equipo del Presidente Obama debe convencer a Brasil y a los países de las Américas de que Estados Unidos está decidido a enfrentar el cambio climático domésticamente y con la ayuda de la comunidad internacional (la eliminación de las tarifas al etanol brasilero que ingresa en Estados Unidos sería una buena forma de comenzar) y también debe indicar el motivo por el cual su “alianza energética para las Américas” es en beneficio de todos los países del hemisferio.

Hay muchos otros temas que conectan a Estados Unidos con sus vecinos del hemisferio, tal como la inmigración, los flujos financieros, el comercio y la seguridad. Sin embargo, el hecho de usar la cumbre para ahondar en dichos temas no sólo sería ineficaz sino que también le quitaría importancia al lema de la cumbre. Escuchar a sus colegas del hemisferio y colaborar para buscar soluciones creativas a los problemas idénticos de seguridad energética y sostenibilidad ambiental será el mejor indicio de que la administración de Obama comprende el diferente escenario político del hemisferio y lo ve como una oportunidad para reconectarse con la región de tal forma de promover la verdadera cooperación y el respeto mutuo.

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Lea más sobre las recomendaciones políticas del Centro y el análisis sobre las relaciones entre EE. UU. y Latinoamérica en la página Americas Project de nuestro sitio Web.

Stephanie Miller actualmente es consultora respecto de las relaciones entre EE. UU. y Latinoamérica y anteriormente fue Investigadora Asociada en el Proyecto de las Américas sobre el Equipo de Seguridad Nacional de American Progress.

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