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Una política de EEUU ante Venezuela

Basada en la Realidad

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Ha llegado la hora en que la realidad deba guiar la política de EEUU ante Venezuela y así liberar la agenda de Washington ante las Américas.

Por demasiado tiempo, las relaciones de EEUU con las Américas han sido definidas por sus difíciles relaciones con Hugo Chávez de Venezuela. Casi toda la discusión pública sobre las Américas en EEUU se ha visto con este prisma. Ha llegado el momento de cambiar esta dinámica debilitante e instituir una política de ignorar a Chávez de una manera constructiva.

La realidad abre la posibilidad de ignorar, en gran parte, a Chávez. La habilidad de Chávez de utilizar acceso al petróleo en una manera coercitiva esta limitada por la dependencia mutua entre Venezuela y EEUU en el sector energético. Aunque tiene acceso a la enorme industria petrolera venezolana, la influencia de Chávez es casi tan exagerada como su retórica. Las Américas están viviendo cambios profundos, pero Chávez ni ha creado ni sostiene esos cambios. En breve, ni en este momento ni en un futuro previsible, Venezuela, liderado por Chávez, no representa un riesgo a la seguridad nacional de EEUU.

La realidad también requiere que cambiemos el enfoque de nuestra atención a Chávez y a los cambios profundos que están ocurriendo por las Américas. Al nivel más practico, con la desafortunada poca atención que los gobernantes de EEUU dan a las Américas, es importante que no se desgasten esos pocos recursos de una manera inútil. Es casi imposible forzar cambio interno en Venezuela por el aislamiento económico del país con la economía global actual que está enloquecida por la necesidad de obtener petróleo. La retórica y el simbolismo sin sustancia solo animan a Chávez y complican esfuerzos de llevar una agenda unida de democracia con desarrollo económico y social con aliados y con los que pueden convertirse en aliados en la región.

Para empezar a reorientar la política de EEUU ante las Américas de una política ideológica miope—más claramente ilustrado por la centralidad de Chávez—que se ha perseguido durante los cinco años iniciales de la administración Bush los EEUU deben responder a la continuación del gobierno de Chávez con cuatro políticas relacionadas de corto, mediano, y largo plazo.

Primero, el aumento de tensiones con Chávez sería temerario y resultaría dándole respaldo en vez de cortar su poder y su apoyo. Como ya ha empezado a hacer el Departamento de Estado, los EEUU (incluyendo todas partes del gobierno del Presidente Bush y miembros del Congreso) tiene que evitar el simbolismo sin sustancia y la guerra de palabras contra-producente. Respondiendo a la retórica de Chávez quita atención de lo que deber ser el enfoque de todos los pronunciamientos de EEUU sobre Venezuela—la necesidad de respetar la democracia y proteger los derechos humanos. Entrar en un debate con Chávez sobre los temas que el escoge también complica, de manera innecesaria, relaciones con otros en la región.

Segundo, aunque la legitimidad electoral de Chávez es bastante clara, la manera en que el ha ejercido el poder desminuye su reclamo de una legitimidad democrática. EEUU tiene que seguir dedicado a promover la democracia, incluyendo el ejercicio democrático del poder. Pero esos esfuerzos no deben ser enfocados en una política de cambio de régimen. En vez deben estar enfocados en reenforzar aquellos actores que están apoyando el desarrollo de instituciones democráticas y gobernación democrática. El cambio de régimen bien puede ser un objetivo a largo plazo, pero ni es una política ni una estrategia en si mismo. La promoción de la democracia en Venezuela, como por todas las Américas, no puede ser “Hecho en EEUU.” Es esencial para promover la democracia y la gobernación democrática involucrar activamente a otros actores hemisféricos quienes valorizan el compromiso democrático interamericano.

Tercero, los EEUU tienen que volver a promover relaciones con las Américas y hacer claro su compromiso al desarrollo económico y social en toda la región. En vez de seguir con una retórica que ha sido vacía en demasiadas ocasiones tiene que dedicar recursos y dejar atrás la política falsa de tener que escoger entre comercio o ayuda. Una política de comercio inteligente e inversión en desarrollo social tienen que proseguir mano a mano.

Finalmente, aunque a largo plazo, EEUU tiene que aprovechar la oportunidad transformativa representada por nuevas tecnologías y recursos energéticos para reorientar su economía en una manera que complementa comercio inteligente e inversión en desarrollo social. Además esa nueva economía crearía el espacio para una flexibilidad política que tanto falta en la dinámica actual entre EEUU y Venezuela. Cualquier amenaza que pudiera representar Chávez para los EEUU también pudiera ser disminuida con la reducción del consumo de petróleo en EEUU.

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