CAP in English
Small CAP Banner

El potencial Desapercibido de las Mujeres de Minorías Solteras

La Inseguridad Económica de las Mujeres Solteras Supone Retos

FUENTE: AP/Steve Helber

Una mujer afroamericana le ayuda a su hijo con una tarea en una biblioteca de Richmond, VA. Las mujeres solteras son menos seguras económicamente que sus contrapartes casadas en cuanto a trabajos, riqueza y salarios se refiere, y estos problemas resultan aun peor para las mujeres solteras pertenecientes a las minorías.

    IMPRIMIR:
  • print icon
  • COMPARTIR:
  • Facebook icon
  • Twitter icon
  • Share on Google+
  • Email icon

Read in English

Un nuevo reporte del Center for American Progress y Women’s Voices, Women Vote, “La Otra Mitad: Mujeres No Casadas, el Bienestar Económico y la Gran Recesión” deja en claro que las mujeres solteras hacen contribuciones vitales a nuestra economía y nuestras comunidades .[1] Pero estas mujeres enfrentan un sinnúmero de retos, y estos son exacerbados cuando se trata de mujeres de minorías.

Las mujeres no casadas—es decir, mujeres que nunca se han casado o son viudas, divorciadas o separadas—conforman cerca de la mitad (47 por ciento) de la población femenina mayor de los 18 años. Ellas constituyen cerca de un cuarto (24 por ciento) de nuestra población adulta en total, 3 de cada 10 son amas de casa, y crían un cuarto (25 por ciento) de todos los niños estadounidenses menores de 18 años.

Las mujeres solteras son consumidoras, dueñas de casa y empleadas, y contribuyen vitalmente a la economía nacional. En conjunto, los hogares encabezados por mujeres y hombres no casados constituyen más de un tercio (35 por ciento) del consumo nacional. Las mujeres solteras son dueñas de un cuarto (23 por ciento) de las casas habitadas por sus dueños a nivel nacional y conforman un quinto (22 por ciento) de los empleados nacionales mayores de 18 años. Ellas también contribuyen a sus familias y hogares: Más de 6 de cada 10 (62 por ciento) en sus mejores años de ingresos (edades entre 30 y 59) generan al menos la mitad de las ganancias a través de su trabajo.

Pero estas mujeres son mucho menos seguras económicamente que los hombres solteros y parejas casadas. En efecto, las mujeres solteras se hallan rezagadas, a comparación de los hombres y las parejas, en relación a salarios laborales, ingreso en el hogar y creación de riqueza, y es más probable que enfrenten la pobreza. Y mientras las circunstancias económicas de las mujeres solteras en general son precarias, la situación es peor aún para las mujeres que pertenecen a las minorías.

En promedio, las mujeres solteras ganan menos que los hombres o las mujeres casadas, por lo que poseen menos recursos financieros y consecuentemente son incapaces de alcanzar su potencial como grupo en términos de su participación en el gasto nacional y propiedad de viviendas. Por ejemplo, mientras los hombres y mujeres no casados constituyen el 35 por ciento del consumo, representan cerca de la mitad de los hogares. Y solo 3 de cada 10 mujeres no casadas son propietarias de vivienda (31 por ciento), comparado con el 80 por ciento de las parejas casadas.

Más aun, los bajos salarios y la falta de una pareja ponen a muchas mujeres solteras en una situación financiera inestable durante fases de contracción como la reciente Gran Recesión. Las mujeres solteras tienen pocos ahorros a los que puedan recurrir en caso de perder sus empleos o si experimentan recortes en sus ingresos. Y si también carecen de una fuente de ingresos secundaria por parte de un compañero o familiar, pueden perder su casa o experimentar una creciente inseguridad alimenticia.

Las mujeres solteras de minorías tienen incluso menos seguridad económica que sus contrapartes de raza blanca. Esta es una preocupación particular porque las mujeres de minorías tienen más probabilidades de no contraer matrimonio y de encarar la inseguridad económica asociada con este estado civil. Por ejemplo, 68 por ciento de las mujeres afroamericanas adultas son solteras, al igual que el 47 por ciento de las hispanas, comparado con el 43 por ciento de las mujeres blancas.

“La Otra Mitad” menciona una investigación reciente del Insight Center for Community Economic Development y acota que las mujeres solteras de cualquier origen tienen una riqueza más baja que las parejas o los hombres del mismo origen. Pero las mujeres solteras pertenecientes a las minorías tienen aún menos riqueza que las mujeres solteras de raza blanca. El reporte del Insight Center demuestra que las mujeres solteras afroamericanas e hispanas poseen una mediana de riqueza neta (es decir, la diferencia entre los recursos activos y pasivos) de $100 y $120, respectivamente, excluyendo automóviles. Esto representa menos del 1 por ciento de la mediana de riqueza neta para las parejas, y justo más del 1 por ciento que la de los hombres solteros del mismo origen.

En comparación, la mediana de la riqueza neta entre las mujeres solteras de raza blanca, que llega a los $41,500, representa solo el 25 por ciento de las parejas de raza blanca, pero es el 95 por ciento de los hombres solteros blancos. Y cerca de la mitad de las mujeres solteras afroamericanas e hispanas (46 y 45 por ciento, respectivamente) alcanzan una riqueza neta de cero o menos—es decir, sus deudas igualan o exceden sus activos—comparado con un cuarto (23 por ciento) de las mujeres solteras blancas. Las madres solteras se enfrentan a algo mucho peor: La mediana de la riqueza neta para las madres solteras hispanas o negras se ubica entre cero y $120—aun para aquellas cuyos hijos ya han crecido.

La tasa de desempleo entre las solteras también alcanza casi el doble de la tasa de desempleo de las casadas. Pero entre mujeres y hombres solteros, las personas de minorías tienen tasas de desempleo más altas que los blancos, como la gráfica 1 ilustra. Además, las mujeres que mantienen a sus familias—la gran mayoría de ellas madres solteras—poseen la tasa de desempleo más alta entre todas las mujeres. Quince por ciento de las madres solteras afroamericanas estuvieron desempleadas en 2009, al igual que el 11.6 por ciento de las madres solteras hispanas, a comparación del 6.6 por ciento de las mujeres casadas afroamericanas y el 9.7 por ciento de las mujeres casadas hispanas, el grupo étnico con la tasa de desempleo más alta entre mujeres casadas. Esta alta tasa de desempleo para las mujeres hispanas casadas resulta en una brecha más pequeña si se compara con la tasa de desempleo de las hispanas solteras que para las afroamericanas y blancas.

los solteros sufren con el desempleo

Datos adicionales indican las desigualdades de ingresos que las personas de minorías enfrentan. La gráfica 2 muestra que las mujeres solteras—incluyendo las madres solteras—tienen cerca de la mitad del ingreso de las parejas. Pero el ingreso para los hogares hispanos y negros—tanto para las parejas y los solteros—es menor que la de sus contrapartes de raza blanca.

mujeres no casadas de minorias ganan menos a comparacion de otros grupos

La diferencia de ingresos entre las hispanas solteras y casadas es mucho más pequeña que la de las mujeres afroamericanas y blancas. Esta pequeña brecha es en parte un reflejo de los ingresos más bajos para las mujeres hispanas casadas que para sus contrapartes afroamericanas y blancas. También es en parte porque las hispanas solteras tienen más probabilidades de vivir con otros adultos en un hogar: Tres cuartos (74 por ciento) de las solteras hispanas viven con otros adultos, comparado con el 58 por ciento de las afroamericanas y 55 por ciento de las blancas (datos no presentados en la gráfica anterior) [2]. Para estas mujeres, vivir con otros adultos contribuye a una cierta medida de seguridad económica.

“La Otra Mitad” señala el crucial papel que la política pública puede y debe jugar para afianzar que todas las personas y familias cuenten con un fuerte respaldo financiero, incluyendo un seguro extenso de desempleo para los que se encuentran desempleados en un largo plazo, al igual que políticas que incrementarán una seguridad económica a largo plazo. El reporte subraya la necesidad de abordar el conflicto laboral y familiar, la creación y entrenamiento para trabajos, y la igualdad salarial entre hombres y mujeres.

El potencial económico de las mujeres no casadas es algo que pasa desapercibido. Pero al impulsar la fuerza económica de este grupo podemos aprovechar tal potencial, del cual todos nos beneficiaremos.

Read in English

Liz Weiss es una Analista de Política con el equipo de políticas económicas del Center for American Progress

Fuentes

[1] A menos que se señale lo contrario, todos los datos de esta columna provienen del reporte de Liz Weiss y Paige Gardner, “La Otra Mitad: Mujeres No Casadas, Bienestar Económico y la Gran Recesión” (Washington: Center for American Progress, julio 2010).

[2] Análisis de Jeff Chapman sobre Steven Ruggles y otros, “American Community Survey: Version 5.0 [Machine-readable database]” (Minneapolis: Universidad de Minnesota, 2010).

Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.