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Alianza Estadounidense-Brasileña para Fortalecer la Seguridad Alimentaria Mundial

El viaje del Presidente brindó el marco adecuado para una nueva colaboración

FUENTE: AP/Maurilio Cheli

Un trabajador en un tractor cosecha la soya en Campo Novo do Parecis, en el estado brasilero Mato Grosso, jueves, 5 de marzo, 2009.

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A medida que el Presidente Barack Obama continúa su histórico viaje por América Latina esta semana con el fin de fortalecer los lazos con esta región vital, Estados Unidos y Brasil deberían forjar una alianza estratégica con miras a enfrentar la inseguridad alimentaria mundial.

La seguridad alimentaria es uno de los mayores desafíos del siglo XXI. Actualmente, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, o FAO, calcula que cada noche se acuestan desnutridos o hambrientos más de 925 millones de personas a nivel mundial. Para colmo de males, en los últimos 8 meses los precios de los alimentos han aumentado a niveles récords; cambios en la dieta, escasez en los abastecimientos, costos energéticos que van en aumento y eventos climáticos extremos provocados por el cambio climático afectan el rendimiento de las cosechas. El Banco Mundial calcula que el súbito repunte que se ha producido en los precios de los alimentos desde junio ha sumido a 44 millones de personas en una pobreza extrema.

La buena noticia es que Estados Unidos y Brasil están bien posicionados para ayudar a revertir estas tendencias. Ambos constituyen las mayores economías del Hemisferio Occidental y están reconocidos como superpotencias agrícolas mundiales. Estados Unidos es el mayor exportador agrícola del mundo y Brasil ocupa el tercer lugar. Las dos naciones también están clasificadas como el número uno (Estados Unidos) y dos (Brasil) en la producción y exportación de frijoles de soya, carne de res y aves de corral y son productores importantes de maíz, algodón y cerdo. Ambos comparten récords impresionantes en materia de investigación e innovación agrícolas.

El enfrentar el aumento en los precios actuales de los alimentos y lograr la seguridad alimentaria mundial exigirá que se hagan inversiones a largo plazo en el desarrollo agrícola de los países en vías de desarrollo. Estados Unidos y Brasil también deberán transmitir las lecciones aprendidas —algunas buenas y otras no tanto—en sus experiencias respectivas en materia de aumento de la producción alimentaria.

Por ejemplo, la dependencia exclusiva del modelo agrícola industrial de gran escala con uso intensivo de energía con el que suelen asociarse a Estados Unidos y Brasil no es aplicable en ninguna otra parte.

Estados Unidos y Brasil son también líderes mundiales en la producción y exportación de biocombustibles. Ambos países tienen un interés recíproco en asegurar que la producción futura de biocombustibles avance de manera sustentable en un mundo que enfrenta una competencia creciente por los granos y los recursos naturales.

No obstante, en los últimos 40 años Brasil ha alcanzado notables progresos en el desarrollo agrícola. La experiencia brasileña puede ayudar a orientar los esfuerzos en curso para impulsar el desarrollo agrícola en el mundo en vías de desarrollo como un elemento esencial con miras a satisfacer las necesidades de la seguridad alimentaria mundial. Esa experiencia debería combinarse con un énfasis en la satisfacción de las necesidades agrícolas locales con los conocimientos locales, técnicas sustentables y una agricultura con un uso menos intensivo de recursos en los países en vías de desarrollo.

Estados Unidos y Brasil tienen la oportunidad y la responsabilidad de liderar la lucha contra la inseguridad alimentaria. El hacer un mundo más seguro desde el punto de vista alimentario es un objetivo urgente, pero alcanzable.

Es probable que los precios de los alimentos se mantengan elevados por algún tiempo debido a la alta demanda de alimentos, las escasas reservas, los altos precios del petróleo y la creciente vulnerabilidad de las cosechas a los impactos del cambio climático. Para responder a estos desafíos el sistema alimentario mundial deberá transformarse.

Una alianza estratégica valiente y audaz en materia de seguridad alimentaria entre Estados Unidos y Brasil exigirá que se haga una evaluación honesta de las anteriores prácticas tradicionales con uso intensivo de recursos. En los países en vías de desarrollo solo deberían aplicarse las mejores ideas que satisfagan las necesidades locales y contribuyan a aumentar los rendimientos y la producción sustentable.

Juntos, Estados Unidos y Brasil pueden fortalecer la inversión y el desarrollo agrícola en los países en desarrollo con objeto de satisfacer las necesidades de una población mundial creciente. Es preciso convertir las palabras en acción.

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Jake Caldwell es Director de Política para la Agricultura, Comercio y Energía en American Progress.

Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.