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¿El último desafío de Gadafi?

FUENTE: AP/Amr Nabil

Los Estados Unidos puede tomar medidas para responder a la crisis en Libia a medida que Moammar Qaddafi, el líder del país, responde violentamente a una oposición que demanda fin a su dictadura.

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Libia se encuentra en un momento extraordinario. Muammar Gadafi, el dictador que llego al poder décadas atrás, nuevamente demuestra su total depravación moral al traer mercenarios y su fuerza aérea para ametrallar desde el aire a manifestantes desarmados. A diferencia de Egipto o Bahréin, Libia no es un aliado de Estados Unidos. Es por eso que las conversaciones telefónicas de presidente a presidente probablemente cederán poco. Pero está claro que Estados Unidos puede y debe actuar cuando la misma delegación de las Naciones Unidas en Libia insiste en el establecimiento de una zona de exclusión aérea y de catalogar las acciones de Gadafi como genocidas.

El ejercer presión en un gobierno que le da poca importancia a su pueblo no es una tarea fácil. Pero algunas estrategias creativas para crear dicha presión pueden ser implementadas. Grupos como el International Crisis Group y el Genocide Intervention Network ya han exigido pasos sensibles, que incluye la imposición de sanciones dirigidas a Gadafi y su familia, ofrecer refugio para los pilotos libios que buscan huir en vez de obedecer las órdenes de matar a civiles, imponer un embargo internacional sobre la venta de armamento a Libia, y un avance hacia el establecimiento de una zona de exclusión aérea sobre Libia.

Las siguientes son algunas medidas adicionales que la administración debería considerar:

Primero que todo, la administración necesita convencer a los líderes empresarios libios que Gadafi es un riesgo que no pueden seguir tolerando. Gadafi ya está perdiendo algunos miembros importantes de la fuerza militar y podría caer sin el respaldo del sector comercial. Esto significa que los funcionarios de alto rango de la administración Obama deben comunicarse con aliados europeos y ejecutivos de las compañías petroleras más grandes que operan en Libia, incluyendo Eni, StatoilHydro, Occidental Petroleum, OMV, ConocoPhillips, Hess Corp., Marathon, Shell, BP, ExxonMobil y Wintershall.

En general, uno no espera que las compañías petroleras hagan lo correcto. Pero ahora estas tienen un enorme interés en ayudar a expulsar a Gadafi. Libia posee las reservas de petróleo crudo más grandes de África y la incertidumbre en ese país ha ocasionado que tiemblen los mercados. Si Gadafi sigue su curso actual y retiene su posición como líder, seguramente habrá un llamado al embargo del petróleo de Libia, una investigación apropiada de la ONU sobre los crímenes de guerra, y posiblemente una guerra civil. Bajo todos estos escenarios, el comercio del petróleo será interrumpido por un periodo considerable.

La comunidad empresarial de Libia ha progresado enormemente en la última década porque las relaciones de Libia con el mundo se han normalizado cada vez más. Esto está a punto de desaparecer a menos que la comunidad empresarial—tanto fuera y dentro de Libia—deje en claro que Gadafi necesita reservar su boleto de viaje a Venezuela hoy mismo.

Segundo, los oficiales de la administración Obama deberían aprovechar la base que se ha creado con Libia en años recientes para atraer diplomáticos libios en oficio y exhortarlos para que tomen una postura fuerte y vocifera en contra de la violenta respuesta a la oposición.

Mientras que nuestras relaciones diplomáticas con Libia han sido notablemente agitadas desde que se reanudaron en el 2006, la administración ha trabajado de cerca con los libios en asuntos de mutuo interés regional, incluyendo Chad y Sudán. De hecho, el “Informe de Derechos Humanos” del Departamento de Estado publicado el año pasado, menciona que “en años recientes, Libia ha jugado un papel útil en facilitar la provisión de asistencia humanitaria a los refugiados de Darfur en Chad, contribuyendo a los esfuerzos de fraguar un cese al fuego entre Chad y Sudán, y para poner un fin al conflicto en Darfur.”

Entablar relaciones con los diplomáticos libios tiene sentido, particularmente cuando son sus propios compatriotas libios quienes son los blancos de ataques. Al mismo tiempo, los oficiales de la administración deberían apelar al perenne interés de Libia en jugar un rol de liderazgo en la región. Nadie tomará seriamente a Libia como un jugador regional después de los ataques catastróficos ocurridos en días recientes—a menos que Gadafi se vaya.

Finalmente, otra herramienta importante a considerar, dada la falta de una influencia tradicional, es la creciente—pero relativamente modesta—relación entre los militares estadounidenses y libios. Esta relación está en una etapa prematura y permanece altamente sensible debido al apoyo anterior de Libia al terrorismo internacional. Aun así, la administración Obama buscó financiación para la capacitación y Educación Militar Internacional para promover “operaciones de estabilización y reforma en el sector de seguridad” en Libia, a fin de presentar estándares estadounidenses de conducta militar a los libios.

Estos programas, aunque no dejan de ser controversiales, han conllevado a amplios intercambios bilaterales y visitas—ambos de los cuales pueden contribuir al fortalecimiento de alianzas importantes. También sugieren que existe el interés en algunas partes del ejército libio de adoptar una postura más profesional.

Estas iniciativas proveen una ruta alterna para presionar por la suspensión inmediata de la violencia, particularmente a medida que los medios continúan informando sobre desertores del ejército y mientras mercenarios a sueldo siguen siendo desplegados para desatar la violencia que algunos de los mismos militares libios encuentran repugnante.

Mientras Trípoli arde en llamas, la administración debe usar todas sus palancas—tanto directas e indirectas—para responder a las acciones atroces de Gadafi y para apoyar al pueblo libio.

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John Norris es el Director Ejecutivo de la Iniciativa de Seguridad Sustentable y Construcción de la Paz y Sarah Margon es la Directora Asociada para la Seguridad Sustentable en American Progress.

Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.