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La Gran Contradicción de Chávez

FUENTE: AP/Fernando Llano

El presdiente de Venezuela Hugo Chávez hace una pausa durante una conferencia de prensa en el palacio presidencial de Miraflores el 10 de julio de 2009.  Chávez dice ser el nuevo Simón Bolívar, cuyo retrato aparece al fondo, pero las políticas del actual mandatario venezolano contradicen las del legendario militar y político.

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El presidente venezolano Hugo Chávez es, sin lugar a dudas, una de las figuras políticas más reconocidas de Latinoamérica no solo por su postura de estadista poco ortodoxa—desde sus comentarios enardecidos contra George W. Bush hasta un intento fallido por abrazar a la Reina Isabel II— sino también por su llamada “Revolución Bolivariana” una agenda política que, según él, se asemeja a los ideales de Simón Bolívar, uno de los militares y políticos más simbólicos durante los años 1800s y quien contribuyó a la independencia de un grupo de naciones suramericanas.

Pero las políticas de Chávez están a las antípodas de las del “Libertador”, en especial la de una Latinoamérica integrada económica y políticamente sin que ninguno de los países intervenga en asuntos internos. El año pasado, por ejemplo, Chávez expresó su apoyo a dos de las guerrillas más grandes de Colombia, las FARC y el ELN. En ese entonces, Chávez ratificó que ambos grupos insurgentes—inspirados en el Marxismo—eran ejércitos legítimos los cuales “deben ser reconocidos…como fuerzas armadas que tienen un proyecto político…que aquí [en Caracas] es respetado”.

Los comentarios de Chávez caldearon los ánimos en Colombia. El entonces canciller colombiano, Fernando Araújo, expresó que el mandatario venezolano confunde apoyo con interferencia en los asuntos colombianos, especialmente cuando intentó fungir como mediador en la liberación de algunos secuestrados de las FARC, entre ellas la reconocida ex candidata a la presidencia Ingrid Betancourt.

Y más recientemente, Chávez intervino en la actual situación que vive Honduras. El 28 de junio, tropas militares destituyeron al presidente hondureño Manuel Zelaya—conocido aliado de la administración de Chávez—quien según sus detractores quería cambiar la constitución al impulsar un referendo que le permitiría buscar la reelección. De acuerdo a la constitución hondureña, solo el congreso puede llamar a referendos. Sin embargo, Zelaya llamó a las fuerzas armadas para distribuir papeletas a la población y llevar a cabo una jornada de votación.

Una vez Zelaya destituido, el presidente interino Roberto Micheletti, amenazó a Zelaya con arrestarlo en caso de ingresar a territorio hondureño, y acusó a Chávez de agravar la crisis. De hecho, a pesar del aplastante apoyo que ha recibido Zelaya de parte de la Organización de Estados Americanos, las Naciones Unidas y los Estados Unidos, Chávez es el único jefe de estado extranjero que ha amenazado con intervenir militarmente si “se presentan hostilidades en contra de su cuerpo diplomático”.

Esta jugada de Zelaya es una reminiscencia de las políticas de Chávez en Venezuela. En 1999, Chávez impulsó un referendo que fue aprobado y que dio vía libre para cambiar la constitución de ese país y que además le permitió expandir su período presidencial de cinco a seis años. Este mismo referendo convirtió el congreso en un solo cuerpo legislativo, lo que le permite a Chávez tener control sobre instituciones políticas, y cambió el nombre oficial del país a “República Bolivariana de Venezuela”. Finalmente, Chávez ganó otro referendo el pasado mes de febrero que le permite ser reelegido indefinidamente.

Al igual que Chávez, Zelaya cambió su ideología política poco después de asumir el poder. Llegó a la presidencia en el 2006 como el líder del partido de centro-derecha con la promesa de combatir el crimen e impulsar el Tratado de Libre Comercio entre Centro América y los Estados Unidos. Pero dos años después, Zelaya se convirtió en un aliado cercano de Chávez al unirse a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, o ALBA, un tratado comercial con orientación social compuesto por Cuba, Nicaragua, Venezuela, Dominica y Bolivia que sirve de alternativa a la estancada Área de Libre Comercio de las Américas, o ALCA, el cual es apoyado por Estados Unidos.

ALBA tiene como objetivo abarcar asuntos de interés como el petróleo, las telecomunicaciones, deuda externa, medios de comunicación y soberanía alimentaria. En cuanto al último punto, Chávez propuso el año pasado la creación de Alcaribe, o “Alimentos del Caribe”, una asociación de países de dicha región para producir y comercializar productos alimenticios. Este nuevo bloque comercial fortaleció la iniciativa “bolivaresca” de Chávez, también conocida como la “diplomacia del petróleo” o la búsqueda de influenciar otros países con el poder económico del petróleo venezolano, gracias a PDVSA, la compañía estatal petrolera cuyo valor asciende a los $3 mil millones de dólares, y cuyas operaciones fueron especialmente enfocadas en los programas sociales de la administración de Chávez.

Un ejemplo de ello es Petrocaribe, un pacto creado en el 2005 que le permite a los países deudores del caribe—incluyendo a Honduras—comprar petróleo con cierta cantidad de dinero por adelantado—o con productos alimenticios como el banano o el arroz—mientras que el excedente puede pagarse en un período de 25 años con el 1 por ciento de interés.

Chávez ha acusado por mucho tiempo a Estados Unidos de implantar en Latinoamérica su política de “imperialismo yanqui”, y acusa al país norteamericano del actual enfrentamiento en Honduras—eso sin tener en cuenta que la administración de Barack Obama apoya a Zelaya y que fue pieza clave en invitar como mediador al Premio Nobel de la Paz y presidente de Costa Rica, Oscar Arias. Entonces ¿Hasta dónde las contradicciones llevarán a Chávez?

Venezuela es, en la actualidad, una bomba de tiempo debido a sus altos niveles de inseguridad y desempleo. Aunado a estos problemas, los hospitales son caóticos, los centros de salud que brindan atención a la población más pobre están cerrando y las inversiones en obras públicas y de construcción se han estancado. El éxito de la Revolución Bolivariana de Chávez probablemente dependa de cuánto tiempo los venezolanos—y posiblemente los latinoamericanos—puedan soportar las contradicciones del mandatario venezolano, y de cómo la administración de Obama desacredite toda semblanza de una táctica de apoyar golpes militares trogloditas dignas de la era de la Guerra Fría—a la vez de tomar en cuenta a Latinoamérica como una pieza clave en el ámbito político global.

Robert Valencia es Editor Asistente del Center for American Progress. Agradecimientos especiales a Stephanie Miller por su aporte a este artículo.

Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.