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Virtudes Conservadoras, Ayer y Ahora

FUENTE: AP/Marcio Jose Sanchez

Los comentaristas de la derecha sostienen que los estadounidenses necesitan la disciplina de una recesión e incluso durante la burbuja sostuvieron que la codicia era buena.

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A pesar que el desempleo va en aumento, los mercados financieros caen a pique y de los niveles récord de ejecuciones hipotecarias—y que seguramente seguiremos sufriendo mayores tormentos—varios conservadores nos piden que veamos el lado bueno de la recesión.

El columnista del Washington Post, Michael Gerson, sugiere que existen “virtudes escondidas” en el declive económico, tales como mayor ejercicio físico, menor consumo de tabaco y comidas caseras.El pastor Morris H. Chapman ve la oportunidad de dar testimonio en un país lleno de miedo. Y muchos bloggers y expertos conservadores señalan atrevidamente al público a través de Internet diciendo que este período de crisis nos dará una lección muy necesaria sobre economía y ahorro.

Por supuesto que estos consejos no tienen nada de malo, a pesar de que suenan vacíos al tener como telón de fondo la crisis económica masiva que enfrenta el país—una crisis provocada por la filosofía económica laissez-faire —es decir, de mínima interferencia—descontrolada de los conservadores. En primer lugar, consideremos nuestra situación actual:

  • Casi uno de cada diez propietarios de viviendas corre el riesgo de que le ejecuten la vivienda —y los expertos dicen que casi seis millones de familias podrían perder sus viviendas en los próximos tres años. Es difícil preparar una comida casera cuando no tenemos un hogar donde cocinar.
  • El índice nacional de desempleo de este mes es del 7,6 por ciento y los pronósticos señalan que el índice alcanzará casi el 9 por ciento a finales del año. En los estados fabricantes como Michigan, el índice de desempleo es del 10,6 por ciento, el mayor en 25 años. Se espera que el índice continúe en los dos dígitos hasta 2010. Es difícil ahorrar cuando no somos remunerados.
  • La disminución en los planes de jubilación, la desaparición de pensiones y de la cobertura médica están aniquilando la seguridad de millones de estadounidenses mayores, y a la vez incrementan la presión sobre sus familias extendidas. Es difícil sembrar armonía y renovación familiar cuando estamos preocupados por sobrevivir.

Es verdad que, como lo admite Gerson, todo debate sobre la recesión debe incluir “el lenguaje de la moralidad”. Palabras tales como “exceso”, “imprudencia” y “codicia” se aplican. Pero seamos cuidadosos al decidir a quién dirigimos esas palabras y asegurémonos de que la culpa no tenga un enfoque demasiado estrecho. Si la culpa recae sobre los consumidores que han contraído grandes deudas mediante las tarjetas de crédito, han comprado viviendas que no pueden pagar—no olvidemos que, a menudo, ello fue consecuencia de un intento de abrirse paso hacia la clase media cuando los salarios eran fijos, pero los costos de la atención médica, la educación y las viviendas eran desmesurados—entonces seguramente la mayor parte de la culpa deberá recaer sobre los ejecutivos financieros codiciosos y los funcionarios públicos negligentes, cuya ideología de libre mercado y sus preferencias por los ricos generaron una desregulación sin sentido y políticas desalineadas que han arruinado millones de vidas.

Por dónde empezamos…

En primer lugar, está el ex-senador Phil Gramm (R-TX) quien impidió que se realizara una revisión reglamentaria de un mecanismo financiero denominado intercambio de incumplimiento crediticio al plantar disimuladamente una norma dentro de una ley presupuestaria no relacionada en el año 2000. Puede parecer que ésto sucedió hace mucho tiempo, pero dicho intercambio de mercado no regulado eventualmente alcanzó un pico de US$62 billones. Aprovechando esta situación, el gigante mundial de los seguros, American International Group. Inc. emitió más de US$40 mil millones en intercambios que no pudo pagar, necesitando un rescate del gobierno. Hasta el día de hoy, Gramm se niega a reconocer su culpabilidad respecto a la crisis financiera actual.

Luego están los prestamistas depredadores que engañaban a la gente con hipotecas con sobreprima y otras hipotecas no tradicionales. En 2001, Sheila Bair, funcionaria de rango superior del Tesoro, intentó persuadir a los prestamistas sobreprima a que adopten un código de “mejores prácticas” y así permitir que los controladores verifiquen sus actividades. De acuerdo al New York Times, “ninguno de los prestamistas aceptó a los controladores y muchos rechazaron el código en sí.” En 2005, las hipotecas con sobreprima ya era un negocio de $600 mil millones y constituía el 20 por ciento de la totalidad de otorgamientos de créditos hipotecarios, un incremento brusco ya que en 2001 constituían el 5 por ciento de la totalidad de los otorgamientos crediticios.

Y no se trata de que los funcionarios del gobierno desconocieran lo que estaba sucediendo. En 2004, el instituto Greenlining advirtió al presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, que los préstamos depredadores se estaban expandiendo y le solicitó que ejerciera presión para la adopción de un código de conducta voluntario. Greenspan no lo hizo.

Pero esperen, aún hay más. En 2005, el ex Gobernador del Consejo de la Reserva Federal, Edward Gramlich, realizó advertencias similares sobre los estándares crediticios decadentes y en 2006 la Contaduría del Gobierno (GAO) alzó la voz sobre la explosión de los préstamos no tradicionales. La administración de Bush contribuyó activamente a la explosión ya que la Oficina de Control de Divisas dejó exentos a los bancos nacionales de las leyes estatales contra los préstamos depredadores.

Pero eso no es todo lo que hizo la administración de Bush para darle rienda suelta a la codicia de las instituciones financieras. En 2004, la Comisión de Valores y Bolsas (SEC) de EE. UU. debilitó la norma sobre “capital neto” que exigía que “los corredores de bolsa limiten el coeficiente de endeudamiento de 12 a 1”. A los cinco bancos de inversiones que calificaban para una norma alternativa—Bear Stearns Cos, Lehman Brothers Holdings Inc., Merrill Lynch and Co., Goldman, Sachs & Co., y Morgan Stanley—a veces se les permitió incrementar los coeficientes de endeudamiento, tal como en el caso de Merrill Lynch, de 40 a 1”. Esa lista—junto con AIG—constituye un registro de las empresas que se encuentran en el centro del debacle financiero.

La administración de Bush también tenía el hábito de designar reguladores federales que dejaban en claro que llevarían a cabo una menor supervisión de la industria de los servicios financieros. ¿Dónde estaríamos si estos reguladores hubiesen llevado un control estricto de los excesos como se supone debían hacer?

Ciertamente no estaríamos donde estamos ahora, sumidos en una economía terriblemente deteriorada cuyas complejidades hacen que sea muy difícil de solucionar. Las empresas están en quiebra. Los presupuestos locales y estatales sufren recortes drásticos. Las organizaciones de beneficencia y las agencias de servicios comunitarios se ven desbordadas por las necesidades locales en aumento, incluso cuando sus propios presupuestos sufren recortes. Y las familias que en algún momento eran de clase media ahora compran los comestibles en distribuidoras de alimentos.

En medio de todo esto, los discursos alegres de los conservadores sobre auto-dependencia y responsabilidad personal no son especialmente útiles. Es mejor escuchar a líderes religiosos y otras almas moralmente templadas que hablan como si fuesen profetas antiguos, y que imploran por un cambio sistémico en vez de mejoras individuales y por actos de justicia en vez de caridad. Desde los predicadores hasta los blogs, los líderes progresistas se enfrentan al poder con la verdad—y en los vecindarios a través del país, las comunidades religiosas ayudan a las personas necesitadas.

Dios sí toma partido, sostiene Peter Laarman, director ejecutivo de Progressive Christians Uniting, y los que oprimen a los pobres de Dios se convierten en los enemigos de Dios. Laarman continúa diciendo que trabajar para la justicia económica implica enfrentar a las estructuras opresivas y los intereses afianzados. Si bien los individuos no deben ser endemoniados, Laarman dice que entre los peores enemigos de los pobres se encuentran “las figuras religiosas conservadoras que no pueden apartarse de la ideología Reaganiana de mercado libre y tampoco pueden distinguir entre cambio y caridad”.

Estas son las voces progresistas que tendremos que escuchar en los próximos días. Junto con los expertos en economía que trabajan para rescatar a nuestro sistema financiero que se encuentra en dificultades debido a las profundas heridas que dejó el periodo Bush o que trabajan para evitar las ejecuciones hipotecarias y los auto-rescates (y más). Más aun, necesitamos expertos morales para articular cómo sería una economía saludable y cuál debería ser su objetivo. Después de todo, en una democracia la economía nos pertenece. Y es hora de que funcione para todos.

Sally Steenland es asesora política de rango superior en política pública y religiosa en Center for American Progress. Para obtener más información, remítase a la página de Faith And Public Policy en nuestro sitio Web. Para obtener más información sobre el análisis que realiza el centro respecto de la actual crisis económica y financiera, remítase a nuestra página Economy

Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.