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¿Puede el Censo Tolerar un País Más Diverso?

FUENTE: AP/Pat Sullivan

Una niña consume un hot dog en un centro comunitario de recursos donde se llevó a cabo un evento sobre el Censo 2010 en Galveston, Texas. La Oficina del Censo pronostica que las poblaciones asiáticas e hispanas se triplicarán, y se espera que la población negra crezca de 35.8 millones a 61.4 millones.

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El censo es más que un mandato constitucional para contar a la población y asegura la asignación adecuada de fondos federales. También es una ventana reveladora—y a veces controversial—en la forma que los Estados Unidos trata el más personal de todos los temas: la identidad. Cómo las personas dentro del crisol estadounidense se identifican, es a menudo una narración intuitiva en las relaciones de la sociedad con la raza, etnicidad, asimilación y cultura.

Lo Estados Unidos se convertirá en una nación de minorías en el año 2050. La Oficina del Censo pronostica que las poblaciones hispanas y asiáticas de la nación se triplicarán, y se espera que la población negra aumente de 35.8 millones a 61.4 millones. Mientras nuestro país se somete a este cambio asombroso, la identidad es de particular importancia para las comunidades de color y los grupos étnicos no blancos que tradicionalmente han participado en el censo a niveles más bajos que los blancos.

La oportunidad de definirse a uno mismo puede ser un reconocimiento importante de la patria e historia para personas representando varias minorías raciales y étnicas. Es una oportunidad para declarar culturas únicas y experiencias a la vez que reconoce la identidad estadounidense de cada persona.

La importancia no es totalmente simbólica, por supuesto. Los datos del censo también ayudan a capacitar las comunidades, asegurándose que sean incluidas cuando nuevos distritos electorales y legislativos sean trazados, y el Departamento de Justicia utiliza la información para aplicar y vigilar el cumplimiento con los derechos civiles y leyes de antidiscriminación. Como dice el viejo refrán, “hay fuerza en números”. Entre más preciso sea el recuento de las comunidades minorías, más fácil será para ellos demostrar y lograr el poder e influencia política proporcional a su tamaño.

Muchos temas problemáticos están seguros de surgir cuando se trata de seleccionar algo tan intimo y consecuente así como la identidad, y es en las comunidades minorías que los retos relacionados con la autoidentificación racial y étnica del censo han sido más aparentes. El formulario del censo del 2010 ya ha causado la controversia entre varios grupos étnicos.

Cuando se hizo público que el formulario utiliza la frase “Negro, African American o “Black” como una opción para los afroamericanos, algunos sectores de esta comunidad se ofendieron por la palabra “Negro” (de connotaciones racistas) por su asociación histórica y frecuentemente dolorosa con las leyes Jim Crow y la segregación de los 1960s cuando este término era utilizado regularmente y aceptado.

Los hispanos también se han confundido con las opciones dadas sobre la raza. Las subcategorías blanco, negro, indígena estadounidense/nativo de Alaska, y asiático no reflejan la realidad que muchos Hispanos consideran su descendencia en términos raciales. Cuando se les pidió a los hispanos registrarse blanco o negro como su raza en el formulario 2000 del censo, casi el 40 por ciento de hispanos escribió “Otro”. Ellos representaron el 95 por ciento de todas las 15.3 millones de personas en los Estados Unidos quienes lo hicieron.

Los árabe estadounidenses son otro grupo que resalta inquietudes—y su historia complica el asunto más que a muchos. Hace mucho tiempo, inmigrantes de Siria exitosamente solicitaron al gobierno de EE.UU. para ser categorizados como blancos para evitar la discriminación y las políticas de exclusión intencionadas a estigmatizar a los negros. El gobierno ha aplicado la etiqueta a los árabe estadounidenses desde entonces. Ahora, a medida que la raza y etnicidad se han convertido en una fuente de orgullo para muchos, es muy contradictorio—y económicamente desventajoso—no tener su verdadera identidad étnica presentada como una opción. Los recursos y servicios no pueden ser asignados adecuadamente a las comunidades árabe estadounidenses si el conteo no es preciso.

La Oficina del Censo ha invertido $250 millones para alcanzar a comunidades de minorías y otras poblaciones difíciles de llegar, asociándose con iglesias, centros comunitarios, tiendas pequeñas, y grupos de abogacía. Parte de este alcance ha estado lleno de desafíos relacionados a la diversidad. El Asian American Legal Defense Fund, por ejemplo, ha registrado quejas con la Oficina del Censo sobre la traducción de idioma y problemas de ayuda en 12 estados. Pero la oficina cree que este esfuerzo coordinado en gran medida resultará en la participación aumentada y un conteo preciso de las poblaciones de las minorías.

Pero junto a este tipo de alcance también se debería oír y responder a las preocupaciones de estas comunidades sobre las preguntas de raza y etnicidad en el formulario para asegurar que el censo se ajuste a la creciente diversidad del país en décadas venideras.

El Director de la Oficina del Censo Robert Groves señaló esta semana de que entendió esto cuando se disculpó por el uso de la palabra “Negro” en el formulario y pronosticó que ésta y otras palabras tendrán que cambiar para el censo del 2020.

Solo el tiempo dirá cómo el concepto estadounidense de la identidad racial y étnica cambiará en los próximos años. El censo sustenta una gran oportunidad mientras las comunidades de color estén contadas y se sienten más confiados por el papel que juega el censo en crear económicamente y políticamente el sueño americano. Si se lleva a cabo correctamente, no sólo registrará los cambios en la población; también captará algo mucho más importante para la historia estadounidense—cómo nos identificamos nosotros mismos.

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Erica L. Williams es la subdirectora de Progress 2050, un proyecto del Center for American Progress que desarrolla nuevas ideas para un Estados Unidos cada vez más diverso.

Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.