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El Hambre en los Estados Unidos

Un Sufrimiento por el que Todos Pagamos

FUENTE: AP/Kevin Rivoli

Si niveles altos de desempleo continúan y el estancamiento en los sueldos sigue, el número de familias con hambre e inseguridad alimentaria se quedará igual o crecerá.

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Lea el informe aquí (en inglés)

Esta semana el Center for American Progress y la Universidad de Brandeis publicaron un informe que detalla los costos socioeconómicos del hambre en Estados Unidos. El informe, titulado “El Hambre en los Estados Unidos: un Sufrimiento por el que Todos Pagamos”, muestra que además de los gastos federales destinados a enfrentar el hambre, los costos socioeconómicos del hambre y la inseguridad alimentaria en 2010 fueron de $167.5 mil millones. El informe llama a este costo la factura del hambre en los Estados Unidos. Debido a las graves y profundas consecuencias del hambre, en el 2010 la factura del hambre de los Estados Unidos le costó anualmente $542 a cada estadounidense.

Los datos más recientes indican que la cifra de estadounidenses que padecen hambre e inseguridad alimentaria dio un salto de un 30% entre el 2007, antes del comienzo de la recesión, y el 2010. Durante ese mismo período, el costo del hambre aumentó en más del 33%, por encima de los gastos federales.

“Este aumento de la inseguridad alimentaria y la factura del hambre de los Estados Unidos durante estos tres años demuestra el alcance que ha tenido el sufrimiento asociado a esta recesión,” dijo Donald Shepard, profesor de la Universidad de Brandeis, y autor principal de este informe. “Todos los estadounidenses soportan una parte de este costo y todos nos beneficiaremos cuando se reduzca esta carga”.

El informe identifica tres costos principales que la sociedad carga a causa de las tasas de hambre e inseguridad alimentaria crecientes: las enfermedades, los deficientes resultados educativos, y los costos de la beneficencia. Los estadounidenses que padecen de hambre se enferman con mayor frecuencia que los demás estadounidenses. En el 2010, el costo resultante, que incluye las exigencias que éste impone al sistema de atención de salud, fue de unos $130.5 mil millones, lo que convirtió a la mala salud en el factor principal de la factura del hambre en los Estados Unidos.

Con respecto a la educación, el informe muestra que los deficientes resultados educativos debidos al hambre le cuestan a la sociedad $19.2 mil millones. Si ponemos esto en su contexto, este gasto representa más de tres veces el nivel de los fondos federales que se dedican al programa de asistencia de alimentos y nutrición, conocido como el programa de Alimentos y Nutrición para Mujeres, Infantes y Niños (WIC en inglés), que está dirigido a los niños pequeños y a sus madres (cuya asignación presupuestaria para el año fiscal 2011 fue de $6.6 mil millones). La coautora Elizabeth Setren añadió: “En concreto, este informe muestra que podrían evitarse $6.4 mil millones en costos de educación especial asegurando que ningún niño padezca de hambre o inseguridad alimentaria”.

El informe también calcula el coste de las donaciones benéficas que se necesitan para apoyar los programas de asistencia alimentaria de emergencia en todo el país. Además de los fondos federales para productos básicos y otros apoyos a la asistencia alimentaria de emergencia, se destinaron $17.8 mil millones en donaciones particulares de alimentos, dinero y tiempo de ayuda voluntaria para satisfacer las necesidades alimentarias de emergencia de 48.8 millones de estadounidenses que enfrentan hambre y inseguridad alimentaria.

Donna Cooper, Miembro Sénior del Center for American Progress y coautora del informe explicó los resultados del informe, al afirmar que “cada estadounidense tiene un verdadero interés en reducir las cifras de estadounidenses que padecen de hambre e inseguridad alimentaria. Puede que el hambre no sea evidente en los Estados Unidos, pero esta consecuencia menos visible del desempleo creciente, los sueldos fijos y la pobreza en aumento se está convirtiendo en un costo real para cada hogar estadounidense”.

Las estimaciones de la factura del hambre realizadas a nivel estatal muestran que la Florida, California y Maryland vieron un mayor crecimiento en el costo del hambre durante la recesión. Este costo aumentó en cada estado, pero quince de ellos vieron un aumento de casi el 40 por ciento en su factura del hambre comparado con el incremento nacional del 33 por ciento entre 2007 y 2010. Doce estados pertenecían al Club Multimillonario de los Estados donde la factura del hambre a nivel estatal aumentó en el orden de más de los mil millones de dólares durante esos tres años. Datos para otros estados está disponibles aquí.

“Los programas federales como el Programa de Asistencia Suplementaria para la Nutrición, el Programa Nacional de Almuerzo y Desayuno Escolar y el Programa de Alimentos y Nutrición para Mujeres, Infantes y Niños cuestan casi $95 mil millones,” dijo Cooper.

“Estos programas son indispensables aunque aún siguen siendo insuficientes para satisfacer la necesidad de millones de estadounidenses de costearse de manera segura los alimentos que necesitan para sí mismos o sus familias”, concluyó Cooper. “Los esfuerzos federales para aumentar los salarios, el empleo y la asistencia nutricional a las familias de bajos salarios son los elementos claves que se necesitan para llevar la factura del hambre lo más cerca posible a cero”.

Lea el informe aquí (en inglés)

Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.