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El Sueño Americano recibe un duro golpe

El acuerdo de la deuda recorta los fondos de programas que permiten a los estadounidenses de bajos ingresos salir de la pobreza

FUENTE: AP/Kiichiro Sato

Más recortes en el gasto discrecional pondrá más presión en la financiación de los programas de empleo, ayuda para vivienda, asistencia de calefacción y refrigeración para ancianos de bajos ingresos, y servicios de cuidado infantil que permiten a madres entrar en la fuerza laboral. El recorte de estos programas tendrá un profundo impacto en las comunidades de bajos ingresos y de color.

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El prolongado debate de este verano sobre la forma de elevar el techo de la deuda fue un duro golpe para los estadounidenses vulnerables por dos razones. En primer lugar, el acuerdo final incluye recortes a los servicios que afectan a los que más han sufrido durante la recesión y hará más lenta la anémica recuperación económica. En segundo lugar, el acuerdo ha distraído a los políticos del déficit que más le preocupa a los estadounidenses: el déficit de empleos.

Una reducción drástica y un crecimiento lento del empleo impactan a todos los estadounidenses, pero tendrá un efecto particularmente pronunciado en familias de bajos ingresos y comunidades de color.

El acuerdo le pide a aquellos con los medios más modestos que paguen el precio más alto

Aunque el acuerdo permitió a Estados Unidos a evitar una mora de pagos catastrófico, el precio exigido para el pago de las facturas estadounidenses fue muy alto, y recae desproporcionadamente en la clase media, los estadounidenses de bajos ingresos y comunidades de color. Los grandes recortes del acuerdo impondrán restricciones a los gastos anuales que apretarán aún más a la financiación de programas de empleo, asistencia para viviendas, la asistencia de calefacción y refrigeración para ancianos de bajos ingresos, y servicios de cuidado infantil que permiten a las madres a entrar a la fuerza laboral. El recortar estos programas tendrá un impacto profundo en las comunidades de bajos ingresos y minorías.

Además, con el desempleo que continúa por encima del 9 por ciento, y casi el doble para los afroamericanos, el acuerdo carece de provisiones para continuar los beneficios federales de desempleo para los desempleados que fueron despedidos después del primero de julio. El continuar con los beneficios de desempleo es importante para ayudar a los más afectados de la recesión y para impulsar la demanda en la economía ya que los desempleados usan sus sueldos en las tiendas locales, dándoles negocio a las pequeñas empresas.

De acuerdo al Instituto de Política Económica, el efecto combinado de la reducción de gastos en el acuerdo y el permitir que los beneficios de desempleo y los incentivos tributarios de empleos expiren, le costaría a la economía estadounidense 1,8 millones de empleos solo hasta el año 2012. Es también probable que la pobreza empeore ya que los beneficios de desempleo mantuvieron a 3,3 millones de personas fuera de la pobreza en 2009. El Congreso debe reautorizar los beneficios federales de desempleo antes del fin de año y también promover un programa de empleos para poner a los estadounidenses a trabajar.

Lo que la próxima ronda de recortes podría significar para las personas en necesidad

El acuerdo también creó un "super comité" bipartidista que tiene la responsabilidad de encontrar entre $1,2 billones a $ 1,5 billones en recortes adicionales en los próximos 10 años. Para esta segunda ronda en la reducción del déficit todo estará en la mesa, desde aumentar los impuestos a cortar el Seguro Social y Medicaid. Sin embargo, hasta ahora los republicanos se han negado contundentemente a aumentar los ingresos, incluso hasta eliminar los beneficios fiscales de las compañías petroleras y administradores de fondos de cobertura.

Para lograr este nivel de reducción del déficit sin ningún tipo de ingresos obligaría que se hagan fuertes recortes en programas como Medicaid, Seguro Social, y cupones de alimentos para llegar a los $1,5 billones. Todos los estadounidenses sentirían estos recortes, pero afectaría desproporcionadamente a las comunidades de color, que representan el 56 por ciento de los que usan Medicaid.

Alternativamente, si el Congreso no llega a un acuerdo, a partir de enero 2013 habrá recortes automáticos a todos los programas claves para alcanzar $1,2 billones en reducciones del déficit divididos en partes iguales entre la defensa y recortes domésticos. Aunque la mayoría de los programas de bajos recursos están exentos de estos recortes, todavía hay motivo de preocupación. Estos cortes se llevarían una gran tajada de las funciones del gobierno central, tales como la capacitación para empleos, el transporte, la vivienda asequible, y el programa de asistencia nutricional WIC para mujeres embarazadas vulnerables, nuevas madres y bebés. Estos recortes también impactarán desproporcionadamente a comunidades de color. Por ejemplo, más del 40 por ciento de los beneficiarios de WIC son latinos.

Los ingresos deben estar sobre la mesa en cualquier acuerdo para reducir aún más el déficit, así como medidas para estimular el crecimiento económico y la creación de empleo.

El acuerdo para aumentar el techo de la deuda empeorará aún más las disparidades de ingresos y en riqueza que ha crecido en las últimas décadas. Los recortes no ponen nada de la carga financiera en los ricos administradores de los fondos de cobertura, pero le pide a las familias en dificultades, que han perdido un trabajo o tienen aprietos hipotecarios a asumir la carga financiera de nuestro país. El resultado es que vamos a ver el crecimiento de las desigualdades de la riqueza, en la cual las familias afro-americanas mantienen cerca de 2 por ciento de la riqueza de las familias blancas.

Todo el mundo está de acuerdo en que tenemos que reducir nuestro déficit. Pero este acuerdo hasta el momento le pide a la clase media y los estadounidenses de bajos ingresos a hacer todos los sacrificios. Si queremos preservar el Sueño Americano, debemos adoptar un enfoque más equilibrado para reducir el déficit e invertir en la creación de empleos. El futuro de Estados Unidos depende de la participación de las comunidades que han quedado fuera de la economía—no es necesario empujarlas más hacia fuera.

Melissa Boteach dirige Half in Ten y Desmond Brown es un asesor para Half in Ten en American Progress.

Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.