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La Paternidad y la Ley

Es Hora de Dar un Giro de 180 Grados en las Políticas del Sistema de Manutención

FUENTE: AP/Richard Shiro

Kathy Borders, una ayudante de maestros, dice que ella ha tenido que luchar desde 1997 para apoyar a su hijo y a si misma debido a que el padre de su hijo no cumplía con la manutención. A pesar de que el sistema de manutención de menores funciona para la mayoría de familias, a veces no ayuda a los más pobres. El sistema puede castigar a los pobres por ser pobres y, paradójicamente, hace que sea difícil que ellos trabajen y mantengan a sus hijos.

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Mientras nuestra nación celebra la importancia de los padres este fin de semana, es un buen momento para reflexionar sobre cómo podemos mostrarles cariño en las políticas públicas que creamos. Y no hay un mejor lugar donde hacerlo que en el programa del gobierno federal para el Cumplimiento del Sustento de Menores, que tiene que tomar r un giro de 180 grados de incriminar injustamente a los hombres más pobres de nuestro país a ayudar realmente a sus familias a través de:

  • Dejar de castigar a los hombres que son demasiado pobres para pagar
  • Enfatizar la asistencia de empleo para los más necesitados
  • Expandir los esfuerzos simbólicos que actualmente están centrados en las visitas

En los últimos años ha habido un nuevo enfoque en programas de paternidad con fondos federales que proporcionan apoyo a los padres y, en ocasiones, ayuda de empleos. Sin embargo, esos esfuerzos son empequeñecidos por los $ 5.8 mil millones que se gastan en el programa de Cumplimiento del Sustento de Menores, que alcanza a los padres de 17,5 millones de niños y a la mitad de todos los niños pobres. Este es el programa con más probabilidad de interactuar con los padres de bajos ingresos.

Muchos de estos hombres enfrentan grandes barreras para el empleo, algunos producidos por la economía actual, y el sistema debe hacer un mejor trabajo para comprender sus problemas. Las visitaciones también son clave, porque los padres de bajos ingresos a menudo están excluidos de los sistemas que les permiten establecer arreglos para las visitas (históricamente, las visitaciones han sido un enfoque de menor importancia de las agencias que aplican la manutención). Los esfuerzos federales sobre este tema deben ser ampliados drásticamente.

Cuando el sistema de manutención de menores funciona correctamente, juega un papel importante: evalúa en qué medida los padres tienen la habilidad financiera de pagar, establece órdenes inequívocas, asegura que los fondos estén disponibles para la crianza de los niños, y sigue agresivamente a aquellos que no quieren pagar. Es una función aconsejable, casi necesaria, aunque a veces no es la actividad más agradable. Algo así como el desarrollo de un testamento o un acuerdo prenupcial para una persona de gran riqueza, las órdenes de manutención definen claramente las relaciones jurídicas y ayuda a evitar malentendidos y desacuerdos.

A pesar de que el sistema funciona para la mayoría de las familias, a veces no funciona con los más pobres. El sistema de manutención de menores castiga a los pobres por ser pobres y, paradójicamente, hacen que sea difícil que trabajen y mantengan a sus hijos.

Los hombres que tienen la menor probabilidad de pagar son los más pobres—representan la mitad de los deudores y responsables por el 70 porciento de las deudas atrasadas que faltan colectar. Muchos están teniendo dificultades vinculadas a su incapacidad de encontrar trabajo en la economía actual—a principios de este año, las agencias de manutención infantil informaron que la cantidad de colecciones interceptadas por los cheques de seguro de desempleo casi se triplicó en 2009. Y sabemos que debe haber aun más que están en busca de empleo y por diversas razones ni siquiera califican para beneficios de desempleo.

Las consecuencias pueden incluir encarcelamiento, la pérdida de la licencia de conducir necesaria para mantener empleo, el embargo de salario, y la humillación pública de tener una foto publicada en los periódicos y en televisión. En resumen, nuestro sistema de manutención de menores puede convertir el ser pobre y un padre en el más severo de los castigos.

Un posible efecto secundario puede ser el daño que se crea en las relaciones del padre con la fuente de su estrés—la madre de sus hijos y sus hijos—relaciones que son valiosas para los resultados positivos de infancia. Esto no solo arruina el Día del Padre para estas familias, pero muchos otros días más.

Como mínimo, debemos asegurarnos que el sistema de la manutención de menores actúe de manera justa, lo que no significa eximir a los hombres de sus responsabilidades, si no ser realistas acerca de lo que pueden pagar. En los últimos años, algunas agencias gubernamentales han progresado en lo que se refiere a garantizar que se establezcan órdenes que son realmente asequibles para los padres, y que sean más fáciles de ajustar cuando cambien las circunstancias de empleo. Sin embargo, un enfoque aún más fuerte es necesario para erradicar completamente el problema de órdenes que sobrepasan la capacidad que un padre tiene para pagar.

Sin embargo, más cambios radicales podrían asegurar que las agencias no solamente provean un mejor servicio a las familias, sino que también hagan un mejor trabajo de cumplir con su misión de apoyar a las familias con un padre que vive separado de sus hijos. Los hombres que están empleados pueden pagar la manutención y los datos indican que los hombres que ven a sus hijos son más propensos a pagar la manutención. Centrarse en estos problemas requerirá que las agencias adopten un cambio de cultura de ir detrás de hombres por ser pobres a servir a familias en una mejor manera. Estos grandes cambios en las agencias del gobierno (o de hecho cualquier tipo de organización o compañía) nunca es fácil pero es necesario si realmente queremos mejorar los resultados para nuestros niños.

Joy Moses es Analista de Política con el Programa de Pobreza y Prosperidad en el Center for American Progress.

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Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.