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Protegiendo la Seguridad Económica de Adultos de la Tercera Edad

FUENTE: AP/Gail Burton

Paul Skidmore y su esposa Kathy en su casa en Finksburg, Maryland. Skidmore solicitó los beneficios de Seguro Social a los 63 años—tres años antes de lo anticipado—después de agotar su beneficio del desempleo durante 18 meses sin encontrar trabajo.

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Según los datos que el Censo divulgó el mes pasado, el número de estadounidenses viviendo en la pobreza fue el más alto en record en 2009 en la cúspide de la Gran Recesión. El descenso económico afectó a casi todos, incluyendo a los estadounidenses de la tercera edad. Los datos demuestran que 3.4 millones de adultos mayores de 64 años vivieron en la pobreza en 2009. Millones más enfrentaron la inseguridad económica y estaban peligrosamente cerca de caer en la pobreza.

Las personas de tercera edad enfrentan retos particulares que los hacen más vulnerables a caer a la pobreza. Muchos tienen pocos ahorros para la jubilación y los altos gastos médicos pueden causar una rápida reducción de su riqueza acumulada. Ellos fueron seriamente afectados por la caída del sector inmobiliario. Y muchas veces los estadounidenses de mayor edad que pierden sus trabajos no pueden recuperar empleo con facilidad.

El desempleo, la jubilación prematura no intencional, y los altos costos médicos podrían perjudicar el bien-estar económico a largo plazo de los adultos mayores. Muchas veces los hijos adultos deben intervenir para proveer cuidado a largo plazo para sus padres, lo que podría ser una gran carga financiera para los hijos.

Sin embargo la recesión no impactó a todos los adultos mayores equitativamente, los adultos mayores no blancos y las mujeres mayores, que suelen tener tasas de ingresos más bajos que de los hombres blancos, tienen más probabilidades de vivir cerca o debajo de la línea de pobreza.

Los adultos mayores no blancos en general tienen menos riqueza acumulada y tienen menos probabilidad de recibir pensiones privadas o de recibir ingresos de inversiones que sus homólogos blancos. Un reciente estudio demostró que 9 de cada 10 hogares de adultos latinos o afroamericanos mayores de edad no tienen los suficientes ahorros que les duren a lo largo de sus vidas.

También existe una disparidad entre hombres y mujeres mayores. Las mujeres mayores, especialmente si son viudas, divorciadas, o nunca casadas, suelen ser más pobres, tienen menos ahorros para la jubilación, y más alto riesgo de caer en la pobreza que los hombres mayores a causa de la discriminación salarial y por tener que criar a sus hijos, entre otros factores. Sin embargo muchas veces las mujeres deben extender sus ingresos y ahorros porque, en general, viven cinco años más que los hombres.

Los adultos mayores de bajos ingresos raramente tienen suficientes pensiones o ahorros para durarles durante sus años de jubilación, y al contrario dependen de programas existentes de protección social como el ingreso del Seguro Social para financiar sus necesidades básicas. Este ingreso ayudó a que 14 millones de adultos mayores no caigan a la pobreza en 2009 y estudios demuestran que sin los beneficios del Seguro Social, la tasa de desempleo entre los estadounidenses de mayor edad hubiera excedido el 40 por ciento en la mayoría de los estados. El número de trabajadores de mayor edad solicitando beneficios del Seguro Social subió con las empeoradas condiciones económicas y un número record de 2.7 millones de personas solicitaron estos beneficios el año pasado.

Los estadounidenses de mayor edad sin empleo, muchos de los cuales no han llegado a la edad requerida para solicitar los beneficios de Seguro Social, enfrentan serias dificultades en el actual mercado laboral. Aunque la tasa de desempleo para los trabajadores mayores de edad es menos que para los trabajadores jóvenes, las personas mayores de edad que buscan empleo suelen estar en el mercado laboral por mucho más tiempo que los jóvenes. Las personas mayores de edad estuvieron buscando empleo un promedio asombroso de 52 semanas en agosto 2010, comparado a 33 semanas para todas las personas buscando empleo.

El derrumbe del sector inmobiliario impactó seriamente a los adultos mayores. Muchos fueron blanco atractivos de prestamistas inescrupulosos de hipotecas y ahora enfrentan altas tasas de ejecuciones hipotecarias y desalojos. Y muchos adultos mayores que viven de bajo o cerca de la línea de pobreza no pueden costear una mudanza a los asilos geriátricos o a instalaciones de vivienda con asistencia diaria.

Los adultos mayores también enfrentan gastos médicos muchos más altos que la gente joven. Estudios demuestran que los altos gastos médicos entre los adultos mayores son el principal factor que contribuye a la inestabilidad financiera para aquellos mayores de 55 años. Los adultos mayores de bajos ingresos son más propensos a sufrir de enfermedades crónicas y debilitantes y de enfrentar altos gastos que no son cubiertos por el seguro médico lo cual significativamente reduce sus ya bajos ingresos.

Hay varias cosas que el Congreso puede hacer para asegurar el bienestar económico de los estadounidenses mayores. Puede reautorizar la ley Older Americans Act en el 2011, la cual permitiría al gobierno continuar financiando programas esenciales como la comida, servicios de transportación, y servicios médicos basados en el hogar para adultos de la tercera edad. Puede arreglar la insuficiencia de los beneficios del Seguro Social entre las poblaciones de mayor edad vulnerables como son las mujeres y personas de color. Y debería implementar la reforma al sistema de salud para asegurar que los estadounidenses mayores tengan una adecuada cobertura médica, proteger su riqueza de los prestamistas inescrupulosos, y asegurar que tengan buenas oportunidades de empleo.

Mientras la generación baby-boomer alcanza la edad de jubilación, es más importante que nunca que los legisladores promuevan políticas que protejan la estabilidad económica de los estadounidenses de mayor edad y que proteja a los trabajadores ahora y en el futuro.

Alexandra Cawthorne es Investigadora Asociada y Raúl Arce-Contreras es Asistente de Prensa para el Center for American Progress.

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Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.