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COLUMNA: 5 datos que usted debe saber sobre los niños no acompañados

Detenidos juegan

FUENTE: AP/Eric Gay

Detenidos juegan mientras otros duermen en una celda en una centro de procesamiento del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de EEUU en Brownsville, Texas.

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Durante los últimos meses, el número de niños solos que huyen de la violencia de Honduras, Guatemala y El Salvador a Estados Unidos se ha disparado. No menos de 47,017 niños han llegado hasta este punto del 2014 — un aumento de un 92 por ciento desde 2013 — y se esperan hasta 90,000 más antes de que el 2014 termine. Estos niños  escapan del peligro en sus propios países y huyen hacia la seguridad relativa no solo en Estados Unidos, sino también en países vecinos como Panamá, Belice y Costa Rica.

Mientras la atención concentrada en este asunto pasa de la frontera sur hacia la capital, es importante tener en cuenta los cinco datos siguientes:

1. La violencia obliga a que estos niños huyan

La violencia es el factor primario que obliga a niños no acompañados a huir de Centroamérica a Estados Unidos. Honduras se ha convertido en la capital de asesinatos del mundo y la violencia pandillera ha aumentado dramáticamente – incluyendo a El Salvador y Guatemala – durante los últimos años. De hecho, El Salvador y Guatemala ocupan el cuarto y el quinto lugar, respectivamente, en términos de las tasas más altas de asesinato del mundo. Mientras tanto, el Departamento de Estado de EEUU ha descrito el nivel de violencia en Honduras y El Salvador como “gravemente alto”.

Después de haber entrevistado a más de 400 menores no acompañados, investigadores encontraron que muchos de ellos habían huido del reclutamiento forzado estilo ‘únete o mueres’ o amenazas de pandillas contra sí mismos o sus familias. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, o ACNUR, un 58 por ciento de los menores no acompañados “tienen  justificaciones que podrían proveer protección internacional”. Esto significa que tienen derechos viables a protecciones de refugio bajo la ley internacional.

Un joven de 17 años entrevistado por el ACNUR huyó de El Salvador cuando pandilleros que habían matado a otros estudiantes de su escuela le dijeron que “si volviera a la escuela, no llegaría a casa vivo”.

2. Traficantes explotan a estos jóvenes, quienes son cada vez menores y muchas veces niñas

La demografía de los niños que entran a los Estados Unidos ha cambiado drásticamente. Durante muchos años de la década pasada, la mayor parte de los niños que cruzaban la frontera estuvo compuesta de jóvenes varones y mayores en edad. Pero muchos de los que llegan ahora son niñas, y su edad promedia va bajando: niños de menos de 10 años, algunos mucho más menores, ahora están intentando hacer el viaje peligroso desde sus países.

Aún peor, los traficantes y coyotes se aprovechan de la crisis al ofrecerse como transportación del país de origen a Estados Unidos  para convencer a los niños que buscan una manera de escaparse de la violencia.  . Esta gente con frecuencia se relaciona a – o trabajan directamente con – los mismos grupos que perpetran la violencia en los países de los niños. Las niñas muchas veces son violadas durante el viaje y la violencia pandillera a lo largo del camino es común.

Mientras algunos de los niños tienen parientes en Estados Unidos, reunirse con familia era la meta primaria para menos de una tercera parte de ellos, según investigadora Elizabeth Kennedy. En realidad, la violencia les expulsó de sus pueblos y de sus países.

3. Esta es una crisis regional

La violencia que impacta actualmente a Honduras, El Salvador, y Guatemala no está provocando una crisis de refugiados solamente en los Estados Unidos. Todos los países de la región han sido afectados ya que niños centroamericanos huyen para salvarse las vidas y buscan seguridad dónde se pueda encontrar. Según el ACNUR, las solicitudes de asilo de ciudadanos de Honduras, El Salvador, y Guatemala han aumentado en un 712 por ciento en los países vecinos de México, Panamá, Nicaragua, Costa Rica y Belice desde 2009.

4. No hay ninguna vía libre de entrada a los Estados Unidos, pues los menores no acompañados pueden ser deportados

Es importante entender que ninguna ley ni programa protege a los menores no acompañados de ser devueltos a sus países de origen. Incluso si son entregados a un pariente o a un patrocinador para esperar hasta una audiencia inmigratoria, todos los niños que llegan a los Estados Unidos son sometidos a procedimientos de deportación. No reciben una tarjeta de residencia permanente (green card) ni cualquier tipo de estatus legal.

Típicamente, el Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de EEUU, o “CBP” por sus siglas en inglés, procesa a los menores no acompañados en cuanto llegan. Los agentes de CBP están obligados por ley de entregar a los niños a la Oficina de Reubicación de Refugiados, u ORR, dentro de 72 horas. Luego ORR está encargado de cuidarlos y entregarlos  a parientes o patrocinadores.

Pero ORR ya se encuentra sobrecargada y ha sido difícil encontrar suficiente espacio de alojamiento para acomodar a la cantidad creciente de niños. La agencia abrió un albergue en la base de la Fuerza Aérea de Lackland en San Antonio, Texas que puede alojar a hasta 1.200 niños y planea abrir dos más –uno en una base naval en Ventura, California y otro en Fort Sill, Oklahoma. ORR está trabajando para trasladar a los menores no acompañados de ese alojamiento temporal. Presentemente, los niños tienen una estancia promedia de 45 días en los albergues. Una vez que los niños salen de la custodia de ORR, este calcula que entrega un 90 por ciento de los niños a un pariente o un amigo familiar, y que reúne a un 30 por ciento con un padre o madre.

Hace dos semanas, el Presidente Barack Obama anunció que la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (“FEMA” por sus siglas en inglés) coordinaría la respuesta del gobierno a la crisis. La administración ha pedido unos $1.4 mil millones adicionales en fondos para el año fiscal de 2015, llegando a un presupuesto total de $2,3 mil millones, en anticipación de necesidades a largo plazo.

5. Algunos miembros del Congreso están jugando politiquería con un asunto humanitario

Mientras el liderazgo republicano de la Cámara Baja busca cualquier excusa para bloquear la reforma inmigratoria, los niños que huyen de una crisis violenta se han convertido en un blanco de oportunismo político. El Senador Ted Cruz (R-TX) alegó durante una audiencia reciente de la Comisión de Asuntos Judiciales del Senado que “los números [de niños no acompañados] aumentaron enormemente” después de que el Presidente Obama creó la Consideración de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, o “DACA” por sus siglas en inglés, en 2012. DACA da estatus legal temporal y autorización de trabajo a jóvenes no autorizados elegibles.

Pero esta aserción no podría estar más lejos de la verdad. El aumento en la cantidad de niños que huyen para salvarse las vidas empezó mucho antes de la creación de DACA y ha sido causado debido al éxodo de países afligidos por la violencia: El Salvador, Guatemala, y Honduras. La tasa de niños no acompañados que llegan de México, en cambio, no ha aumentado.

Asimismo, DACA — y cualquier versión de reforma inmigratoria que actualmente se considera, incluida el acta S.744, que el Senado ya ha aprobado—solo se aplicaría a gente que ya lleven varios años en los Estados Unidos. Es claro que alguna información errónea sobre la posibilidad de quedarse en los Estados Unidos ha inspirado las llegadas de algunos que buscan huir de la violencia en sus países de origen, pero la seguridad fronteriza laxa — dado el aumento marcado en la aplicación de las leyes de inmigración y el dinero que los Estados Unidos ha gastado en ella durante los últimos años — no inspira a estos niños a intentar un viaje tan peligroso.

Se necesitan soluciones de corto y largo plazo

Mientras la cantidad de niños que cruzan la frontera incrementa, quedan grandes desafíos. Informes indican que la Patrulla Fronteriza de EEUU está abrumada. Sus centros de detención, como demuestran imágenes recientes, no son apropiados para alojar a niños y es urgente que el gobierno encuentre albergues y acomodaciones más adecuados. A continuación siguen  algunas de las muchas medidas que el gobierno puede y debería tomar:

  • La administración debe asegurar que los niños sean soltados de la custodia de ORR a lugares seguros—preferiblemente a un pariente, y nunca a alguien que pueda hacerles daño.
  • Asimismo, es esencial asegurar que los niños tengan acceso a consejo legal mientras pasan por el sistema de inmigración. No hay ningún derecho garantizado a consejo legal bajo la ley de inmigración, incluso para niños. La administración Obama acaba de anunciar un nuevo programa para traer a 100 abogados y asistentes legales dónde se necesiten para proporcionar consejo a menores no acompañados. Aunque este sea un buen primer paso, muchos más abogados serán necesarios para abordar un problema de este tamaño.
  • Aprobar la reforma inmigratoria ayudaría a mitigar la crisis al reducir el atraso en las solicitudes de gente que espera visas y al permitir a los padres dentro de los Estados Unidos a patrocinar a sus hijos para que inmigren legalmente.
  • El gobierno también debe tomar medidas más fuertes contra los traficantes, utilizando nuestros recursos de ejecución de la ley migratoria para identificar y detener a los que explotan a menores no acompañados.
  • Debemos apoyar esfuerzos en las países de donde vienen los niños a reintegrar a los que vuelven a sus hogares y a mitigar los peligros que obligan a los niños a huir en primer lugar.

Conclusión

Con miembros del Congreso ya buscando maneras de controlar el flujo de refugiados que entran en el país, los Estados Unidos debe asegurar que cualquiera y todas las soluciones se concentren en proteger a los niños que hacen el viaje. Acabar con una crisis humanitaria basada en la violencia pandillera, el tráfico humano y las economías debilitadas de varios países centroamericanos no será una tarea fácil o rápida, pero tratar a menores no acompañados de una manera humana debería ser nuestra meta primordial.

Philip E. Wolgin es un Analista Principal de Políticas en el Center for American Progress. Angela Maria Kelley es Vicepresidenta de Política Migratoria en el Center.

Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.