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Un análisis de la propuesta de inmigración del senador Rubio

Las soluciones para los jóvenes indocumentados deben promover la participación cívica y la integración

FUENTE: AP/Jae C. Hong

El senador Marco Rubio (R-FL) habla en Washington en 2011. Rubio ha estado promoviendo un proyecto de ley parecido al Acta DREAM en los últimos meses.

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El plan del senador Marco Rubio (R-FL) para presentar un proyecto de ley para proporcionar estatus legal – pero no ciudadanía – a los jóvenes indocumentados se encontró en dificultades cuando el presidente de la Cámara John Boehner (R-OH), anunció el 26 de abril que una propuesta así no seria aprobada en su Cámara. Como dijo el presidente Boehner, “Estamos operando en un ámbito político muy hostil, y abordar un tema así sería difícil en el mejor de los casos.” Sin embargo, el senador Rubio ha estado promoviendo fuertemente su propuesta, hablando con periodistas, miembros del Caucus Congresista Hispano (quienes, después, sólo pudieron dar una declaración poco convincente manifestando “deseos de aprender más acerca de su plan”), activistas de inmigración, y estudiantes elegibles para el Acta DREAM.

Nuestro deseo por la cooperación bipartidista en cuanto a la reforma de la política inmigratoria nos deja esperando que el senador Rubio pueda, de hecho, sacar a su partido del desierto en este tema con una política inteligente que avance los intereses de la nación. Dada la complejidad de la ley inmigratoria, vamos a reservar el juicio final sobre la política del senador Rubio hasta que se pueda revisar el texto real del proyecto de ley.

Mientras tanto, sin embargo, la cobertura de los medios generada por los esfuerzos del senador para lanzar su proyecto de ley, junto con sus propias declaraciones públicas y privadas, proveen una mirada suficiente amplia a sus ideas y lo poco que sabemos provoca preocupación. Puesto que todavía no han escrito el proyecto de ley, abajo ofrecemos lo que sabemos de qué podría incluirse en el proyecto de ley, y explicamos las preocupaciones reales creadas por las disposiciones. Y como siempre el diablo esta, en los detalles,

Lo que sabemos (y pensamos que sabemos) acerca del proyecto de ley

El senador Rubio ha vocalizado su oposición al Acta DREAM – un proyecto de ley bipartidista desde su incepción hace más de 10 años – porque contiene un mecanismo legal que permitiría a los jóvenes traídos a los Estados Unidos antes de los 16 años a ganar residencia permanente al asistir a una universidad o inscribirse en las Fuerzas Armadas. El senador Rubio ha proclamado que un mecanismo así seria “amnistía”, y por eso es inaceptable para los republicanos. Sin embargo, explica, “Yo respaldo, y constantemente he respaldado la noción de que necesitamos acomodar a estos niños quienes, sin tener ninguna culpa, se encuentran en este limbo legal.”

Aborda las preocupaciones de “amnistía” en su proyecto de ley al permitirle a los jóvenes indocumentados que llenen los requisitos del Acta DREAM a recibir una nueva visa creada para “no inmigrantes” –es decir una visa temporal – en lugar de la residencia permanente. Si más adelante cumplen los requisitos parecidos a los del Acta DREAM – el asistir a una universidad o servir en las Fuerzas Armadas – serían elegibles a quedarse en los Estados Unidos y mantener un estatus legal. La nueva visa no inmigrante que está contemplando el senador Rubio sería renovable para siempre (es decir, es básicamente una visa temporal permanente), y autorizará a los beneficiarios a trabajar y viajar legalmente.

La amenaza de la “amnistía”

En maneras importantes, el proyecto de ley del senador Rubio proporcionaría muchos de los mismos beneficios que la residencia permanente – i.e. la “tarjeta verde”. Abordaría los problemas reales centrales que enfrentan estos niños al poner fin a su temor de la deportación y hacer que el trabajar, conducir, y viajar fuera del país sea legal. Esto es muy atractivo para los jóvenes que han estado caminando en calles sin salida.

Pero también hace sumamente difícil entender por qué el Acta DREAM es equivalente a la “amnistía” y la propuesta del senador Rubio no. Ambos crearían nuevos mecanismos para legalizar a los jóvenes indocumentados. Ambos les autorizarían a beneficiarios el poder de trabajar y viajar libremente, lo cual actualmente no pueden hacer. Ambos, en otras palabras, proveen beneficios considerables a individuos que actualmente no los tienen. Bajo su definición de “amnistía” (que en nuestra opinión es equivocada), resulta difícil ver por qué su propuesta pasa, y el Acta DREAM fracasa.

Diferencias que son importantes

Las distinciones conceptuales que llevan al senador Rubio a concluir que el otorgar una serie de beneficios es equivalente a la amnistía, mientras que el otorga una serie de beneficios muy parecidos no lo es, resulta muy difícil de entender. Pero, las consecuencias prácticas de estas distinciones son importantes.

Al proporcionarles a estos jóvenes una visa temporal permanente pero no la residencia permanente, la mayoría se encontrarían sin la posibilidad de convertirse en ciudadanos. El senador Rubio nos ha asegurado que no habrá una barrera a la ciudadanía – pero, tampoco habrá un camino independiente a la residencia permanente.

Una ventaja importante de la residencia permanente, sin embargo, es que después de una cantidad de años, la persona puede solicitar la naturalización y – al mostrar buen carácter moral, dominio del idioma inglés, y conocimiento de los valores cívicos estadounidenses – convertirse en ciudadano. Sin un camino especifico a la residencia permanente, este proyecto de ley dejaría a la suerte la posibilidad de ganar la ciudadanía.

Las personas en este nuevo estatus no inmigrante tendrían dos caminos a la residencia permanente: el respaldo de un familiar cercano (probablemente a través del matrimonio), o el respaldo de un empleador. Pero nuestro sistema inmigratorio legal está muy atrasado, con listas de espera que duran décadas para la mayoría de las tarjetas verdes.

Entonces, ¿cuántos años les tomarían a los jóvenes elegibles para recibir la ciudadanía bajo la propuesta de Rubio?

La inmigración basada en el empleo

Aunque hay una cantidad de categorías de visas basadas en el empleo, la categoría EB-3 – para “los trabajadores especializados, profesionales y otros trabajadores” – es probablemente categoría bajo la cual los jóvenes podrían obtener una tarjeta verde. Pero la elegibilidad en esta categoría requiere una licenciatura universitaria, el respaldo de un empleador, y una determinación del Departamento de Trabajo Estadounidense que no haya un trabajador estadounidense capaz y disponible de hacer el trabajo.

Tomemos, por ejemplo, un inmigrante de México. Después de una determinación de elegibilidad de los departamentos del Trabajo y de la Seguridad Nacional, el individuo tendría que esperar unos seis años antes de que una tarjeta verde sea disponible. Después de recibir la residencia permanente basada en el empleo, un inmigrante tendría que esperar otros cinco años para solicitar la ciudadanía, por un periodo de espera de por lo menos 11 años. Para un inmigrante de la India, la espera es aun más larga – 10 años para la residencia permanente, y cinco años más para la ciudadanía.

Estos periodos de espera = se basan en los retrasos que existen actualmente. Cada mes el Departamento del Estado emite un Boletín de Visa mostrando la disponibilidad de visas actual. En mayo de 2012, por ejemplo, para recibir una visa EB-3, un inmigrante de México habría tenido que solicitar una visa antes del 1º de mayo, 2006. Pero dado que la cantidad de visas disponibles se fijan cada año (con alrededor de 40.000 visas en la categoría EB-3) la fecha de disponibilidad de las visas cambia en base a la demanda.

Esto significa que mientras actualmente les tomaría seis años el recibir una tarjeta verde a la gente que solicitaron en el 2006, con más demanda – como, por ejemplo, una nueva generación de jóvenes elegibles a través del plan del senador Rubio – tomaría mucho más tiempo. Si el proyecto de ley del senador Rubio provee estatus legal a entre 1 a 2 millones de personas, la demanda para esta categoría de visa se incrementará de manera considerable, incluso si sólo una parte de estos individuos buscan la residencia permanente a través de este portal.

Inmigración basada en la familia

Por supuesto, además del respaldo del empleador, los miembros de la familia nuclear también pueden respaldar a sus familiares para una tarjeta verde. El camino más directo a la residencia permanente y eventualmente a la ciudadanía es casarse con un ciudadano estadounidense ya que no hay limitaciones anuales numéricas. ¿Pero verdaderamente queremos que el futuro y la integración completa de estos niños dependan de casarse con un ciudadano?

Si un joven se casa con un residente permanente legal (i.e. alguien que posee una tarjeta verde) en vez de un ciudadano estadounidense, bajo los retrasos actuales, él o ella tendría que esperar por lo menos tres años para una visa, y cinco años más para la ciudadanía, por un total de ocho años –mínimamente. Sin embargo, estos retrasos seguramente aumentaran (lo que significaría periodos de espera mucho más largos) a medida que la demanda por esta categoría aumentaría a legalizar a este grupo de jóvenes como propone el proyecto de ley del senador Rubio. Pero incluso si ocho años, 10 años, o aun 20 años de espera parece un precio razonable para pagar por las transgresiones de sus padres, todavía dependen del casamiento.

¿Qué significaría esto, por ejemplo, para los jóvenes gay y transgéneros quienes, aun si viven en un estado que ha legalizado el matrimonio gay, no pueden recibir una tarjeta verde a causa de eso? ¿Qué pasaría con la gente que quiere casarse pero que no pueden encontrar esposo/a? ¿Y que tal con los jóvenes indocumentados que se casan con otras personas indocumentadas? Seguro que hay otras maneras de obtener una visa basada en la familia, pero éstas toman mucho más tiempo y tienen mucho menos probabilidades de estar disponibles a los jóvenes indocumentados.

Un desvío político de la política razonable

En lugar de un camino claro hacia adelante, entonces, el plan del senador Rubio llevaría a una población considerable hacia un limbo no inmigrante por décadas, o incluso de por vida. Para una población de jóvenes que han estado completamente sin protecciones la mayoría de sus vidas, la posibilidad de algún tipo de estatus legal que les permita seguir sus sueños es sumamente atractiva. Pero el relegar a miles de personas que son estadounidenses en todo aspecto excepto sus papeles a un camino potencialmente inexistente a la residencia permanente o la ciudadanía porque “eso es todo lo que se puede hacer” es profundamente cínico.

Incluso aceptando que esto sea un esfuerzo de buena fe para romper el estancamiento político sobre el tema, el resultado final socava el interés de la nación de una ciudadanía bien integrada y con altos niveles de participación. Sin la ciudadanía estas personas jamás tendrán la oportunidad de votar, ganar la autorización necesaria para una multitud de puestos de empleo, postularse en una contienda electoral, o aun obtener un pasaporte estadounidense y las protecciones internacionales que lleva consigo. El seguir este camino al final fracturará, no unificará, nuestra nación.

Conclusión

Con certitud, creemos fuertemente que medio pedazo de pan es mejor que quedarnos sin nada. Ciertamente no rechazaremos la mitad de una pieza sin considerarla, especialmente por el gran anhelo que tenemos por obtener la reforma. Pero si el pan es venenoso o nutritivo depende de los ingredientes y si esta completamente horneado. Estamos deseosos de ver los detalles de la propuesta del senador Rubio – y quien estará en la cocina con él.

En resumen: Muéstrenos el proyecto de ley, y muéstrenos los votos. Y entonces hablemos.

Marshall Fitz es el Director de la Política Inmigratoria y Philip Wolgin es un Analista de la Política con el equipo de Inmigración en el Center for American Progress.

[1] El término “gay” se usa como término general para la gente que se identifican como lésbica, homosexual, o bisexual.

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Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.