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Liderazgo, No Chivos Expiatorios

FUENTE: FUENTE: AP Photo/Paul Sakuma

Una coalición de grupos anti-inmigración están culpando a los inmigrantes de aumentar el tráfico entre otras preocupaciones ambientales en los Estados Unidos. Lo que necesitamos ahora es liderazgo en asuntos ambientales, no chivos expiatorios.

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Si usted ha tomado una copia de The New York Times o The Nation en las últimas semanas, es posible que haya visto los anuncios. Un trancón de tráfico como una pesadilla. Un buldózer pasando por un bosque virgen. A continuación, la letra menuda explica la causa de nuestras preocupaciones ambientales, desde emisión de gases de invernadero hasta la expansión sub-urbana descontrolada: Inmigrantes.

Ahora, hacer de los inmigrantes unos chivos expiatorios para la destrucción ambiental no es nuevo. Durante años, los grupos anti-inmigrantes han ondeado la bandera verde para presionar la aplicación de una agenda xenófoba. Y algunos ambientalistas incluso los apoyan; una facción anti-inmigración casi toma el control de la Junta Directiva del Club Sierra en el 2004.

Ahora los sospechosos usuales están otra vez sobre ello. Los anuncios del Times y Nation los pagó el “America’s Leadership Team for Long Range Population-Immigration-Resource Planning,” un grupo fachada de cinco organizaciones anti inmigrantes, incluyendo la Federation for American Immigration Reform—mejor conocida como FAIR—la American Immigration Control Foundation, y la Social Contract Press— que están listadas como grupos de odio por el Southern Poverty Law Center.

Estos grupos tienen la conexión de la población, inmigración y el medio ambiente totalmente errada. Es cierto que la inmigración ayuda a que la población de los EE.UU. crezca como lo ha hecho a lo largo de su historia. Y mientras haya una relación entre el crecimiento poblacional y la destrucción ambiental, esta será compleja. El impacto ambiental se determina no solo con nuestros números, sino por cómo usamos los recursos – nuestros sistemas de producción y consumo y las políticas que les dan forma.

Es irrisorio culpar a los inmigrantes y al crecimiento poblacional, tales como lo hacen los avisos, sin mencionar, digamos, nuestra negligencia crónica en cuanto al transporte público. Las ciudades desde Ámsterdam hasta Curitiba, Brasil, han usado la planificación urbana inteligente para crear ciudades habitables con mucho menos impacto ambiental que las megalópolis estadounidenses promedio. Han probado que la densidad poblacional no conduce inexorablemente a un excesivo crecimiento y a la destrucción ambiental.

Más ampliamente, estos grupos anti-inmigrantes tergiversan la naturaleza de los retos ambientales a los que nos enfrentamos hoy en día. Estos establecen implícitamente que estamos en una balsa con recursos limitados, y si mucha gente aborda la lancha, ésta naufragará. Pero hay una falla en ese pensamiento: podemos estar en una balsa, pero no son los Estados Unidos. Es nuestro planeta y todos estamos juntos en él.

El cambio climático y otros problemas ambientales no respetan las fronteras nacionales. Ese es un gran problema para nuestros vecinos del sur del planeta, quienes emiten muchos menos gases causantes del efecto invernadero que nosotros, pero que sufren desproporcionadamente los efectos de las cada vez mayores emisiones. Una consecuencia del calentamiento global será la mayor sequía en algunas áreas, como la que ya ha expulsado de sus tierras a muchos campesinos mexicanos pobres. En este caso, la población anti-inmigración simplemente nos haría devolver refugiados a causa del problema que hemos creado.

Por supuesto, la mayoría de inmigrantes son refugiados por causas económicas y no ambientales. Pero aquí también jugamos un papel en la creación del problema. Por ejemplo, el NAFTA inundó a México de maíz barato y subsidiado de Iowa, quebrando a muchos granjeros y generando una oleada de inmigrantes hacia el norte. Con el barril de petróleo a $140, tal vez es hora de reevaluar la economía – y la moralidad – de un sistema global de comercio que despacha mercancías por todo el mundo en búsqueda de mayores ganancias, sin importar los costos ambientales y sociales.

La compleja conexión entre el crecimiento poblacional y el ambiente es de gran importancia para nuestro futuro común. Pero los progresistas han guardado un gran silencio frente a este asunto. Las publicaciones y organizaciones progresistas podrían contribuir con un entendimiento matizado del problema y promover soluciones reales – como acceso universal a servicios de salud reproductiva, igualdad de derechos para las mujeres y niñas, y un sistema económico global justo y sostenible. Al mismo tiempo, es crucial reducir el consumo en los países ricos, por ejemplo, invirtiendo en tráfico masivo y planificación urbana “verde” que pueda reducir el impacto ambiental (y las emisiones que generan el efecto invernadero) de las grandes y crecientes ciudades.

No entreguemos este asunto a los fanáticos anti-inmigración, que tienen poco que ofrecer, aparte de políticas draconianas de inmigración y del estado policivo requerido para aplicarlas. Si estos grupos son realmente el “Equipo de Liderazgo de Estados Unidos”, tenemos un grave problema.

Laurie Ann Mazur es la editora del próximamente lanzado Population, Justice and the Environmental Challenge. Priscilla Huang, J.D. es la directora de Políticas y Programas del National Asian Pacific American Women’s Forum.

Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.