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Cerrando la Ruta de Escuela-a-Prisión

Terminando con políticas disciplinarias excesivas en las escuelas que resultan en la deserción escolar

FUENTE: AP/Mike Derer

Joe Clark, izquierda, director del Centro de Detención Juvenil del Condado de Essex, conversa con un preso en Newark, New Jersey.

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El 21 de julio los Departamentos de Justicia y Educación lanzaron un importante plan para luchar contra las políticas de educación que limitan las oportunidades educativas de estudiantes. Aunque no es perfecto, el plan toma un paso importante para cerrar la "ruta de escuela a prisión”, un conjunto de políticas y prácticas escolares que terminan empujando a los estudiantes a salir de la escuela, encaminándoles al sistema penal, y haciendo que abandonen la escuela por completo.

La nueva iniciativa fue introducida tras un estudio sobre las escuelas de Texas que reveló que el 60 por ciento de los estudiantes del estado recibieron castigos como la expulsión o suspensión entre los grados 7 y 12. Investigaciones demuestran que los estudiantes que fueron suspendidos son más propensos a rendir menos académicamente, reprobar grados, abandonar la escuela, cometer un delito, y llegar a ser encarcelados como adultos.

Esta iniciativa llega en un momento crítico. En todo el país un número sin precedentes de niños son suspendidos o expulsados ​​como resultado de castigos excesivos por asuntos que podrían ser manejados al proveer detención en la misma escuela o con una llamada a casa. En Virginia se le prohibió a una joven de 13 años de edad ir a la escuela por siete semanas y se le ordenó asistir a varias audiencias disciplinarias hasta que finalmente pudo transferirse de escuela, todo esto porque ella llevó medicamentos para el acné a la escuela en violación de una política que requiere que medicamentos deben ser presentados en clínica de la escuela y autorizados por un padre. En Florida, un estudiante del kindergarten fue arrestado y esposado durante una rabieta.

Políticas excesivamente punitivas de este tipo han contribuido a la ruta la escuela a la prisión. En la actualidad y según un informe del NAACP, más de 3 millones de estudiantes de Estados Unidos son suspendidos al menos una vez cada año y más de 100.000 ​​son expulsados. Peor aún, estas tasas se han duplicado desde la década de los setentas como resultado del aumento de las políticas de cero tolerancias.

Hay otras razones para alarmarse en el empeoramiento de las tendencias en la disciplina escolar. En primer lugar, las acciones disciplinarias de la escuela impactan desproporcionadamente a los niños de color y los estudiantes con discapacidades. Los estudiantes afroamericanos son casi tres veces más propensos a ser suspendidos y ser expulsados ​​que sus pares blancos. Numéricamente, los estudiantes afroamericanos representan el 17 por ciento de los estudiantes en la escuela, pero el 34 por ciento de las suspensiones. Los estudiantes hispanos tienen una vez y media más probabilidad de ser suspendidos y son dos veces más propensos a ser expulsados que sus pares blancos. Y aunque los estudiantes con discapacidad sólo constituyen el 8,6 por ciento de la población escolar, representan el 32 por ciento de los menores en instituciones correccionales. Si bien estas tendencias no son el resultado exclusivo de detenciones por parte de las escuelas, estas pueden ser atribuidas al uso de las herramientas punitivas de la disciplina del sistema de justicia penal que se filtran en las aulas estadounidenses.

En segundo lugar, las políticas desiguales de disciplina empeoran la tasa de deserción escolar porque desaniman a los estudiantes a continuar su educación. Treinta y un por ciento de los estudiantes estadounidenses no se gradúan. Y el 66 por ciento de los jóvenes detenidos abandonan escuela después de salir libre. Además, los alumnos que abandonan la escuela antes de terminar la secundaria enfrentan consecuencias económicas a lo largo de sus vidas. El ingreso medio en 2008 de una persona con un título universitario bachillerato era $46.000, en comparación con $23.500 para aquellos que no tienen un diploma de escuela secundaria.

La alarmante tasa de deserción escolar no sólo impacta el ingreso personal, pero también a la economía de Estados Unidos. El cortar a nuestra tasa de deserción escolar por la mitad aumentaría ingresos por $7,6 mil millones y agregaría $9.6 mil millones al crecimiento económico y $713 millones en ingresos tributarios adicionales, todo en un año promedio. En resumen, es evidente que encaminar a los estudiantes hacia el sistema penitenciario y desviarlos de la vía a la universidad sólo amplificará la crisis de deserción escolar e impactará las perspectivas de vida en el futuro.

Con el fin de garantizar de forma eficaz que todos los estudiantes de Estados Unidos tengan acceso a una educación de calidad, es imperativo que iniciativas como la Supportive School Discipline Initiative (Iniciativa de disciplina escolar de apoyo) sean desarrolladas e implementadas para combatir las políticas que impiden que la educación se convierta en una realidad. Entre otras cosas, la iniciativa busca investigar y acumular datos sobre las prácticas disciplinarias que trabajan mejor, construir un consenso entre actores gubernamentales, educacionales y judiciales para desarrollar acciones efectivas, asegurar que las prácticas escolares estén de acuerdo con las leyes federales, y aumentar la conciencia sobre las políticas y prácticas que trabajan mejor.

El objetivo de la iniciativa es de buscar el consenso, crear una compilación de investigaciones sobre el tema, y ​​crear conciencia sobre las prácticas eficaces. Este objetivo es un paso adelante y sin duda nos pondrá en el camino correcto para cerrar la ruta de la escuela a la cárcel de una vez por todas.

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Calyssa Lawyer es una pasante universitaria con el equipo de Política de Educación en el Center for American Progress.

Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.