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Los Padres Merecen una Voz en la Escuelas de sus Hijos

FUENTE: iStockphoto

La reautorización de la Ley de Educación Primaria y Secundaria le da al Congreso y la administración una clara oportunidad para revisar actuales políticas sobre la participación de los padres.

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Este artículo apareció originalmente en The Root.

La historia de Kelly Williams-Bolar, una madre de Ohio condenada a la cárcel el 19 de enero y multada $30.000 por haber inscrito a su hija en una escuela fuera del distrito, ha causado sensación. Su historia ha provocado manifestaciones, peticiones y un enérgico diálogo nacional sobre la equidad educativa. Pero este caso es más que una ilustración de las atroces desigualdades económicas, geográficas y raciales en nuestro sistema de educación pública. Williams-Bolar se ha convertido en representante de un tema muy concreto en el movimiento para reformar la educación: la participación de los padres y la habilidad de escoger a que escuela mandar a nuestros niños.

Su historia es un ejemplo contraste a la narrativa popular, pero tremendamente imprecisa, de que los padres de bajos ingresos no están interesados—y son obstáculos persistentes—en la educación de sus hijos. Estudios han demostrado en repetidas ocasiones que los padres de bajos ingresos y de minorías étnicas y raciales le dan gran valor a la educación y el alto rendimiento estudiantil. La pregunta es, ¿qué pueden hacer los padres como Williams-Bolar ahora mientras esperan que el arduo proceso de reforma sigue adelante?

La actual Ley de Educación Primaria y Secundaria incluye algunas políticas para la participación de los padres centradas en alianzas entre los padres y la escuela y conferencias entre padres y maestros. Sin embargo, muchos padres encuentran estas herramientas insuficientes, y están utilizando opciones más dramáticas.

Un ejemplo: Hace dos meses, los padres afro-estadounidenses y latinos en la escuela McKinley en Compton, California, utilizaron el llamado “Parent Trigger” – una ley que obliga a los distritos hacer cambios radicales en una escuela que no logra cumplir con sus objetivos por un lapso de cuatro años, cuando al menos el 51 por ciento de los padres firman una petición para reformarla. El 61 por ciento de los padres de la escuela Mckinley apoyaron convertirla en una escuela “charter”.

El año pasado, California fue el primer estado en promulgar una ley en la que los padres pueden elegir el nivel y el tipo de reforma que ellos desean: convertir a una escuela "charter", reemplazar al director y al personal, rehacer el presupuesto o incluso cerrar la escuela. Otros seis estados han propuesto medidas similares desde entonces. El gobierno federal debería tomar nota.

La reautorización de la Ley de Educación Primaria y Secundaria le da al Congreso y la administración una clara oportunidad para revisar actuales políticas sobre la participación de los padres. En la actualidad, los estados deben dedicar una porción de sus fondos para actividades de participación familiar, y el Departamento de Educación ha propuesto aumentar esa cantidad.

La financiación es importante, pero los padres han hablado fuerte y claro: Necesitamos una mejor conversación nacional con nuevas ideas para la participación de los padres. Historias como la de Williams-Bolar son más comunes de lo que estamos dispuestos a admitir, mientras que casos como el de McKinley—en cual los padres utilizaron políticas dramáticas y efectivas – debería ser más común. Y en ambos casos—ejemplos en cual los padres que no son ricos tomaron la educación de sus hijos en sus propias manos—demuestra dos principios claves que son útiles para la reforma educativa.

La primera es que el proceso de elaboración de políticas en torno a la participación de los padres debe comenzar con la suposición de que todos los padres están comprometidos al aprendizaje y seguridad de sus hijos. Los padres de bajos ingresos y de minorías étnicas y raciales son a menudo defensores feroces de la educación de sus hijos y deben ser tratados como tales. Y segundo, los padres que sienten que no hay otras opciones utilizarán medidas extremas para cambiar su situación.

Los gobiernos federales y estatales deben diseñar políticas que ofrezcan opciones a los padres a ser agentes de cambio activos, productivos y poderosos. Ellos se merecen algo mas que estar entre la espada y la pared.

Theodora Chang es una analista de política educativa en el Center for American Progress. Erica Williams es subdirectora de Progress 2050, un proyecto del Center for American Progress que desarrolla nuevas ideas para un Estados Unidos cada vez más diverso.

Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.