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Cómo Utilizar el Tiempo de Aprendizaje Ampliado (ELT) y el Modelo de Escuela Comunitaria para Ayudar a las Escuelas Rurales

FUENTE: AP/Don Ryan

Ethan Woosley, izquierda, del octavo grado, lee mientras alumnos del quinto grado Ross Frank, medio, Tel Abbe, derecha, y Jeremiah Taylos, segunda fila, estudian en Adel Middle School ubicado en la pequeña comunidad de Adel en el centro sur de Oregón.

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Cuando oímos hablar de iniciativas que ayudan a las escuelas de bajos ingresos, normalmente no pensamos en las escuelas rurales, pero quizás deberíamos hacerlo. Las escuelas rurales educan a más de 9 millones, o casi el 20 por ciento, de los niños de este país.

Los estudiantes que asisten a las escuelas rurales generalmente se gradúan a tasas superiores que los alumnos de escuelas no rurales. Pero existe una gran disparidad en la las tasas de graduación entre los estudiantes de color de las escuelas rurales. Un número desproporcionado de alumnos de color y de estudiantes del idioma inglés asisten a las escuelas rurales ubicadas en zonas de elevada pobreza. La tasa de graduación de estos distritos está a 7 puntos por debajo del promedio de la de los distritos no rurales y a 10 puntos por debajo de la de otros distritos rurales.

Las escuelas rurales enfrentan desafíos distintos, pero suelen enfrentar problemas similares a los que afectan a las escuelas urbanas. A ambos tipos de escuelas les cuesta trabajo captar y retener a maestros eficaces y a los estudiantes les cuesta trabajo tener acceso a los servicios sociales y de salud. Pero debido a su ubicación, los estudiantes rurales no pueden aprovechar los servicios de salud pública y de centros de distribución de alimentos. El viaje a la escuela puede tomar de una a dos horas para muchos alumnos, lo que limita sus posibilidades de participar en las actividades extracurriculares y de enriquecimiento en horario extraescolar.

En su informe “La Solución Rural”, divulgado por el Center for American Progress en septiembre, Doris Terry Williams muestra que las escuelas comunitarias de servicio completo son una solución viable a los problemas que enfrentan las escuelas rurales. Las escuelas comunitarias son escuelas públicas que prestan servicios a los estudiantes, los padres y a sus comunidades. Bajo este modelo las comunidades se convierten en el centro de la comunidad, al brindar a sus alumnos servicios de salud con base en la escuela y oportunidades de aprendizaje extraescolar, así como capacitación laboral, clases de inglés, y ayuda para combatir la pobreza para los adultos.

Las escuelas comunitarias de servicio completo pueden ser la vía económicamente más factible de reducir la influencia negativa que tiene la pobreza en el rendimiento académico en las zonas rurales. Al reunir varios servicios en un solo lugar pueden reducirse los gastos de operación y mantenimiento. Y la adquisición conjunta de estos servicios puede reducir el costo de los materiales escolares.

Las escuelas comunitarias también brindan más oportunidades de realizar actividades en horario extraescolar a todos los miembros de la comunidad porque permanecen abiertas por más tiempo entre semana y están abiertas los fines de semana. A través de la ampliación del tiempo de aprendizaje de sus estudiantes algunas escuelas comunitarias han incorporado de manera formal las actividades extraescolares a su horario escolar. El tiempo de aprendizaje ampliado es una estrategia de reforma que añade tiempo a la jornada, semana o año escolar para todos los estudiantes que asisten a una escuela participativa.

De acuerdo a Isabel Owen en su informe “Cómo romper esquemas”, también publicado por CAP en septiembre, las escuelas con bajas calificaciones en los exámenes son las que suelen tener jornadas o años escolares más cortos y son las que tienen mayor probabilidad de atender a estudiantes de áreas de bajos ingresos. En varios estudios realizados se ha indicado que las escuelas autónomas de alto rendimiento reconocen que el tiempo es el factor clave en su éxito. El tiempo de aprendizaje ampliado conjuntamente con el modelo de escuela comunitaria podría permitir a las escuelas atender a los distintos factores que inciden en las vidas de los niños, elevar su rendimiento y fortalecer la escuela y la comunidad.

El modelo de escuela comunitaria no es un modelo uniforme en el que todos los aspectos del modelo pueden aplicarse a todas las escuelas. Pero las adaptaciones de este concepto pueden funcionar bien en las áreas rurales. Tómese el caso de las escuelas del Condado de Bertie en Carolina del Norte. El ingreso medio en el Condado de Bertie es de $28 531 y más de un cuarto de sus 19 000 residentes viven por debajo del nivel de pobreza. El 60 por ciento de la población es afronorteamericana.

Pese a su ubicación y sus elevados índices de pobreza, el 73 por ciento de los niños de 3 y 4 años de edad del Condado de Bertie están matriculados en un programa de aprendizaje estructurado. Las escuelas primarias de Bertie elevaron las calificaciones de lectura y matemáticas en los últimos tres años escolares gracias a la atención prestada por el distrito a la habilitación del aprendizaje en la primera infancia conjuntamente con servicios al niño y a la familia. El distrito asimismo creó alianzas con las instituciones de educación superior para capacitar y captar a maestros y aprovechó los recursos públicos y privados, lo que contribuyó a su éxito.

Las escuelas comunitarias abordan los factores académicos y los no académicos. Los temas no académicos, incluidos los problemas económicos y de salud mental, tienen un efecto notable en el desempeño de los estudiantes y las escuelas comunitarias alivian estos problemas. El modelo de escuela comunitaria—que puede adaptarse para satisfacer las necesidades de comunidades particulares—ha tenido éxito en los medios urbanos y rurales. Es hora de que las autoridades encargadas de formular la política tomen más en serio este concepto a la hora de buscar soluciones a los problemas de la educación y la pobreza en el país.

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Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.