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La queja legitima del 99 por ciento

De la disonancia de la protesta sale un conjunto coherente de quejas válidas

FUENTE: AP/Jason DeCrow

Manifestantes de Ocupar Wall Street marchan hacia Zuccotti Park en el Distrito Financiero de Nueva York el 5 de octubre, 2011.

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Las protestas de “Ocupar Wall Street” constituyen un espectáculo inspirador de la participación ciudadana, finalmente dando voz popular a las quejas válidas de los estadounidenses que están frustrados porque su calidad de vida se ha estancado o ha disminuido mientras que la prosperidad de los súper ricos ha crecido. No hay duda de que ellos tienen porque quejarse y que este movimiento le da voz a sus quejas, entre ellas: la aceleración de la desigualdad de ingresos, la reducción de la movilidad económica, un código tributario que favorece a los ricos, una democracia corrupta por el dinero, y un gobierno que no quiere o no puede proteger a la clase media pero si puede rescatar a Wall Street

Estas son las preocupaciones de la inmensa mayoría de los estadounidenses y exigen nuestra atención y merecen una acción inmediata de Washington.

El aumento en la desigualdad de ingresos

Aquí es donde comienza: El 1 por ciento de los estadounidenses más ricos controlan el 40 por ciento de la riqueza del país, el 50 por ciento de acciones y bonos, y ganan el 24 por ciento de los ingresos totales. El 1 por ciento de los más ricos ganan más que el 40 por ciento de la población más pobre (y el 20 por ciento de los más ricos obtienen más ingresos que todos los demás). A raíz de la peor crisis económica desde la Gran Depresión, esta pequeña porción de la población de EE.UU. controla más dinero de su país que lo ha hecho desde la década de 1920.

Y el enriquecimiento de los ricos se ha producido al costo de la clase media. Mientras que el ingreso del 1 por ciento de los más ricos se disparó del 9 por ciento de todos los ingresos en 1974 al 24 por ciento en 2007, la proporción de los ingresos del 60 por ciento de los estadounidenses se redujo del 52 por ciento al 47 por ciento.

La caída de la clase media y la concentración masiva de la riqueza es alarmante. El hecho que estas tendencias se intensifiquen después del colapso económico causado por la misma industria que emplea a muchos de los súper ricos es desesperante tanto para los manifestantes como para la gente que observa esto desde casa.

La caída de la movilidad económica de ingresos

La enorme desigualdad se podría aguantar más fácilmente si la gente sintiera que los ingresos más altos están su alcance a virtud del trabajo y la educación. Sin embargo, el aumento de la desigualdad que alimenta las protestas sociales también llega en un momento cuando es más difícil pasar de una categoría de ingreso a otra más alta.

La historia del Sueño Americano sostiene que la grandeza de este país se basa en la capacidad de que sus ciudadanos puedan mejorar su estado económico. De hecho, en lo que respecta a la movilidad económica, los Estados Unidos ahora está por detrás de otros países desarrollados, como Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia.

Un código de impuestos manipulado

Mientras tanto, las tasas tributarias de los millonarios ha disminuido a medida que al 99 por ciento del resto de la población se les pide ayudar a reducir un déficit presupuestario federal que fue exacerbado por la especulación imprudente de los millonarios.

Las tasas tributarias que los millonarios pagaron se redujo alrededor del 31 por ciento en 1995 a alrededor del 22 por ciento en 2009, gracias a los recortes tributarios de la administración George W. Bush, las cuales los conservadores en el Congreso están decididos a mantener.

Una democracia manipulada

De acuerdo al Center for Responsive Politics, una campaña exitosa para un escaño en la Cámara de Representantes cuesta alrededor de $1.4 millones en promedio, y un escaño en el Senado cuesta seis veces más. Alrededor de tres cuartos de todos los fondos de estas campañas provienen de personas que pueden hacer contribuciones grandes y de comités que dan apoyo a candidatos políticos que son auspiciados principalmente por corporaciones, asociaciones comerciales y grupos de presión.

El dinero compra el acceso y el grupo de interés especial más grande, con mucho dinero para gastar, es la industria de servicios financieros, seguros y bienes raíces. Estos han dado casi el 20 por ciento de las donaciones políticas entre 1990 y 2010. También como un grupo gastan más en los grupos cabilderos que cualquier otra industria.

Teniendo en cuenta que esta misma troika de las finanzas (bancos), seguros (AIG), y bienes inmuebles (hipotecas sub prime) formaron la mezcla tóxica que colapsó la economía en 2008 y que fueron rescatados en 2009, se puede entender por qué los manifestantes de Ocupar Wall Street están protestando.

Un asalto a las protecciones fundamentales

Mientras tanto, las noticias de Washington parecen traer nuevos asaltos hacia las protecciones fundamentales que el 99 por ciento ha contado en tener por mucho tiempo, y que no debería tener que salir a las calles para preservar. Los Republicanos en la Cámara quieren eliminar Medicare tal como lo conocemos y debilitar al Medicaid. Uno de los candidatos principales republicanos a la presidencia ha comparado el Seguro Social a una empresa criminal. En el nombre de la creación de empleo, la derecha podría debilitar la protección de los trabajadores y eliminar las normas de aire limpio y agua, mientras que bloqueen el proyecto de ley de empleos del presidente, una propuesta que según los economistas crearía hasta 2 millones de empleos.

Los estadounidenses no escatiman a los ricos sus riquezas, pero sí les molesta que el campo de juego sea desigual. Esta es la queja principal que une y anima a los manifestantes de Ocupar Wall Street. Es una queja legítima, y ​​a vísperas de la temporada de bonificaciones en Wall Street, no es probable que desaparezca pronto.

Gadi Dechter es Director Asociado de Reforma del Gobierno en el Center for American Progress.

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Para hablar con un experto, favor de ponerse en contacto con Tanya Arditi via email a tarditi@americanprogress.org o por teléfono al 202.741.6258.