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La Gripe Porcina Pone a Prueba el Sistema de Salud Pública

SOURCE: AP/Miguel Tovar

Personas con mascarillas se ubican cerca de la casa de Gerardo Leyva, una de las víctimas de la gripe porcina en el pueblo de Xonacatlán, México.

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La gripe porcina ya ha causado más de 100 muertes en México y más de 20 casos confirmados en cinco estados de los Estados Unidos, convirtiéndose una vez más en el tema de sanidad pública—tanto a nivel local y nacional como mundial—en una preocupación nacional de primer orden. Asimismo, funcionarios vigilan seis casos confirmados en Canadá e investigan casos sospechosos en Francia, Israel, Nueva Zelanda y España. Las medidas prudentes que los gobiernos han adoptando en todos los niveles demuestran que existe la capacidad básica para detectar, identificar y responder al brote de la enfermedad, tras las inversiones realizadas a raíz de los recientes episodios importantes que se produjeron en relación con el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS) y la gripe aviar.

A pesar de esto, las autoridades aún no cuentan con la información completa acerca de esta peligrosa cepa de influenza. ¿Acaso estamos en presencia de la fase final de un brote o el inicio de una pandemia global? ¿Por qué las tasas de mortalidad son más elevadas en México? ¿Qué posibilidades existen de que esta cepa de influenza desaparezca sólo para reaparecer más adelante este año durante la temporada normal de la influenza? Tener respuestas a estas interrogantes es indispensable para evaluar el riesgo y elaborar las intervenciones de política adecuadas.

Mientras tanto, aun cuando se logre contener en su totalidad, el brote permitirá sacar importantes lecciones que deben servir de base para la adopción de decisiones en materia de seguridad nacional y salud pública a futuro. Aun cuando nos encontramos en las etapas iniciales de lo que podría convertirse en una crisis, podemos pensar en varias interrogantes que deben considerarse.

La primera es: ¿Las instituciones internacionales y los gobiernos individuales están colaborando y cooperando de manera efectiva? Hasta ahora, la respuesta es que “sí” y que lo hacen “muy bien”. El hecho de que las enfermedades contagiosas no conocen fronteras es un argumento sólido a favor de por qué los Estados Unidos debería ayudar a crear instituciones gubernamentales en otros países, aun durante un período de crisis económica.

El Gobierno de Felipe Calderón en México merece un mayor reconocimiento por su respuesta al brote. Pese a estar totalmente ocupado en la guerra contra los carteles de la droga, México ha respondido en forma enérgica al brote y ha compartido su conocimiento oportunamente con sus vecinos y con la Organización Mundial de la Salud. La respuesta de México a esta crisis ha sido ampliamente efectiva y demuestra que el país cuenta con capacidades y recursos reales. En un reciente informe militar se sugirió que México estaba en peligro de convertirse en un estado fallido. Estos acontecimientos demuestran que el Gobierno de Obama estuvo acertado al desacreditar esa conclusión.

La segunda cuestión se refiere a la cooperación tanto dentro del gobierno federal de los Estados Unidos como entre las instancias de gobierno a nivel federal, estatal y local. De nuevo, las primeras señales son positivas. Actualmente, el Departamento de Seguridad Interna, o DHS, es el ente centralizador de la respuesta federal y hay pruebas sólidas de la coordinación efectiva que existe entre el DHS y los Departamentos de Defensa y de Salud y Servicios Humanos. Como medida de precaución se ha autorizado que se proceda a la liberación y distribución de las reservas federales de suministros médicos, incluidos los antivirales, en todo el país.

El Centro para el Control de Enfermedades, o CDC, está en contacto y vigila de cerca las medidas que se adoptan a nivel local, lo que nos lleva a la tercera pregunta a futuro y quizá la más importante. Teniendo en cuenta que la salud pública es ante todo una responsabilidad local, ¿qué tan bien se desempeñarán las autoridades locales, particularmente si se propagara aún más la enfermedad?

El sistema de salud pública de los Estados Unidos—su red de entidades federales, estatales y locales, así como las del sector privado encargadas de la salud de la población nacional—ha estado por décadas sometido a presiones, incluso desde antes de la actual crisis económica. Si bien han mejorado, sobre todo en las áreas rurales, los sistemas de vigilancia médica dependen en gran medida de una red informal de profesionales de la salud pública, veterinarios y de recursos naturales que aún no están incorporados a un sistema nacional de salud pública. Y a pesar de contar con tecnologías médicas ultramodernas y profesionales de la salud, no contamos con suficiente infraestructura médica en muchas partes del país para atender a todos los que pudieran requerir atención médica en caso de una crisis.

La salud pública despertó interés de seguridad nacional a raíz de los atentados con ántrax que se produjeron en el 2001. Pero esta epidemia de gripe porcina emergente plantea una amenaza más importante y creíble para los Estados Unidos y la región. Será importante actuar de manera enérgica y sensata, profundizar las relaciones y la confianza nacionales e internacionales, aprender lecciones valiosas y continuar realizando inversiones prudentes con miras a mejorar las capacidades de salud pública en todo el país y en todo el mundo.

Andy Grotto es analista principal de seguridad nacional y P.J. Crowley es miembro Senior del Center for American Progress (Centro para el Progreso Estadounidense).

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